8 de Abril

  "The Cage imprisons to the Nightingale"


A veces, me da por pensar en las convencionalidades de mi gente, de mi tiempo…: vestidos, fiestas, botellones, drogas, estudios, escapadas, cenas de fin de curso…
A veces, siento que soy una extraña en este mundo, donde se hace todo lo posible por herir al que tenemos al lado, dando igual el método a utilizar para ello.
A veces, veo las noticias y me pregunto qué sentido tienen tantas malas artes y la de catástrofes que atormentan un millar de vidas en este minúsculo planeta.

La próxima semana es el 20º aniversario de mi instituto y, la verdad es que muchos de mis compañeros, tanto viejos como nuevos, me han dicho de escribir algo para la revista del mismo centro. Pero, me he preguntado el sentido de esa acción y la normativa a seguir para la publicación, por lo que he pasado de largo.


Estos días ando algo decaída como para escribir algo positivo de ese endemoniado centro. De hecho, hay noches en las que vuelvo de trabajar, y me duermo llorando, con solo tener presente que al siguiente día, he de volver allí. ¿Para qué? Pues, simplemente, para estar sentada mientras mi alma creativa y mi esencia se van perdiendo, a medida voy adquiriendo el 40% de los conocimientos que se pueden captar.

Sonará algo catastrofista; pero es cierto. Hace un par de días, terminé de leerme por segunda vez “La metamorfosis” de Franz Kafka y, no puedo dejar de pensar en las palabras de ese autor cuando dijo algo así de: Los centros educativos, cuartan la libertad expresiva de los alumnos.
Lo peor de todo, es que no puedo negarlo, porque desde que estoy en el instituto, pese a que he adquirido un conocimiento relativo que he podido plasmar en algunos de mis proyectos inacabados, me ha frenado a la hora de escribir o de expresarme, llegando a resultarme muy difícil concentrarme o imaginarme las cosas como lo hacía antes. La imprecisión, y sobre todo la falta de interés de este último año, ha calado en mí profundamente.

Dicen que bachillerato es difícil; pero es que, no es eso. En realidad es fácil, más el poco tiempo te agobia, los profesores no son más que entrenadores con una fusta que guían al rebaño hasta el redil, que simbólicamente, es la selectividad. Si alguna oveja se pierde, o no quiere ir por ese camino marcado, se desentienden de ella… y en fin, no hay ayudas como en la ESO o en 1º de Bach. El llamado “empujoncito”, no existe en 2º de Bachillerato. Y bueno, no es que quiera excusarme; pero es que, este año es el más caótico de mi vida.

Sé que no soy una buena estudiante; de hecho… nunca me he considerado como tal. Más siempre he salido a delante, pues algo oportunista sí que suelo ser; pero cuando escucho las despreocupadas conversaciones de mis compañeras acerca del lápiz de labios que van a usar para la fiesta de fin de curso… me desespero.

Siempre he comentado con mi compañera de pupitre, lo injusta que es esta vida:

- Sí nena, es que me parece increíble. – le decía a conciencia. – Ellos no paran de hablar y de molestar, no saben lo que significa una palabra dentro del texto, no leer más que libros del instituto… y sin embargo, sacan buenas notas, pese a su deficiente comportamiento en la clase. Sin contar con que beben alcohol, van a fiestas, fuman, tienen en su mayoría faltas de ortografía…
- En cambio nosotras… - sugirió ella, algo apenada por todo ello.- No bebemos, si salimos es para ir al cine o para comprar libros, no fumamos, no nos drogamos, no molestamos en clase, participamos, estamos atentas, nos gusta leer y escribir (porque leer para nosotras, siempre va unido a la escritura artística de nuestros proyectos) y, aún sabiéndolo los profesores, no lo tienen en cuenta… y nuestras notas son pésimas.

Solo se centran en el almacenamiento de conocimientos que, mínimo, a los dos meses ya han sido olvidados. Ya me diréis, para que sirve saber que demonios es un zócalo.

La injusticia está bañada en oro entre las rejas de ese antro de perversión juvenil y teñida de negro que va degradando las relucientes lagunas que dan a nuestra imaginación.

De todo esto se deduce, que odio mi instituto y que dudo que lo vaya a echar de menos. Si acaso, únicamente añoraría los escasos momentos de, solamente, este último año, pues gracias a mi compañera han sido los que más he reído, pese a las malas notas.

Kafka, que razón tenías al decir esas palabras porque yo, dada a la escritura y a la imaginación, estoy sintiendo la podredumbre que está entrando en mí, de esas jaulas llenas de hormonas desbocadas, cegueras absolutas e incoherencias masivas.

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