Inspiración Personal

(I)


Buenas a todos, soñadores:
He dejado entrever, en otros apartados, que he creado historias o proyectos pequeños a partir de libros, videojuegos, comics…: historias conocidas que estaban al alcance de cualquiera con mis mismos gustos; no obstante, no sería del todo sincera si solo atribuyera a algo profesional el empuje hacia la descabellada y determinada idea de querer dedicarme a esto, a la escritura. En este apartado hablaré un poco sobre mis primeros momentos, esos breves instantes, en los que contemplé el hecho de escribir por pura diversión personal.


Si llego a mirar un poco mis antecedentes, tras jugar a un videojuego o leerme una novela de fantasía épica, no me interesaba en lo más mínimo el hecho de crear algo por mí misma. Eso vino después: mucho después, de hecho. Era como la mayoría de niños retraídos, esos que se entretienen con poca cosa y que forman historias pequeñas en sus mentes mientras todo un infierno se desata a su alrededor. Aunque albergo poco más que retazos dispersos de esos momentos solo tengo constancia de que el primer esbozo, el primer amago de “libro”, fue con diez u once años. Por aquel entonces, al ser la mediana de tres hermanos, solo tenía ojos para las actividades de mi hermana, siete años mayor que yo. Para entonces,  poco o nada comprendía de su estética gótica, la que tenía por aquel entonces y que pretendía emular la apariencia del protagonista de “El Cuervo”, la mítica gran película basada en la serie de comics de James O’Barr. Sin embargo, además de la amplia diferencia de edad que nos separaba, el que me pasara gran parte del tiempo en las nubes la enervaba y el que intentara mandar sobre mí, al ser la mayor, me sacaba de quicio por lo que ya podéis imaginar los choques entre ambas.

Eran tiempos de cambio. Mi hermano nació hacía pocos años, y ella se sentía cada vez más enclaustrada por tener que cuidar de ambos mientras nuestros padres trabajaban; sin embargo, en ese tiempo y ajena a la mayor parte de cosas, no perdía detalle de los dibujos que hacía y de las historietas cortas que escribía con sus amigos, en algo que llamaban “juego de rol” y que, por aquel entonces, desconocía su significado. Vampiros, dragones, mestizos, zombis…, les oía hablar de ello con cuantioso interés, hasta que un día llegó a mis manos una especie de ficha donde se debía detallar muchísima información con respecto a un personaje ficticio y propio. Así que, supongo que, ese fue mi comienzo.

Poco después entre el papeleo que, ocasionalmente, mi hermana tiraba a la basura, veía antiguos dibujos y escritos de los que quería deshacerse y, en lugar de dejar que lo hiciera los fui guardando para reutilizarlos o, simplemente, para conservar lo que ella catalogó como inservible. En sus palabras mal explicadas y con graves faltas de ortografía, encontré documentos inéditos que consideré verdaderas obras de arte, incluso sin entender del todo el significado de algunas de sus frases. El vocabulario, las anotaciones, los bocetos…: todo conformaba una especie de marea que me fue atrapando. A raíz de lo que ella tiraba, como carroñera insaciable, hacía todo lo posible por dar mayor forma y significado a esas palabras, a esa historia que, ante todo, me negué a relegar al olvido tal y como hizo su verdadera creadora.  En ello veía cierto potencial... supongo que el mismo que mi mejor amiga, por ejemplo, ve ahora en mis propios escritos privados.

 Por lo tanto, a pesar de empezar cual carroñera, alimentándome de las ideas y de los comienzos de mi hermana mayor, el que ella se decantara por el diseño y el dibujo artístico, en lugar de por el camino de las letras, no hizo más que marcarme irrefutablemente lo que tenía que hacer yo al respecto.  Llegado el momento, quise seguir sus pasos; pero ¿qué iba a ser yo? ¿Una copia defectuosa? Cierto que me gustaba dibujar y, de hecho, dibujo con sumo gusto a veces; no obstante, no se me da bien y tampoco es lo que me llena, ni ahora ni por aquel entonces. Y es verdad que una imagen vale más que mil palabras, sin embargo si la imagen no expresa eso que el autor busca, ¿qué hacer si no cobijarse en la expresión escrita, en lugar de en el motivo visual? 

Aún ante todo, siento cierta gratitud hacia quien me inició, sin saberlo, en el mundo de la literatura; no obstante, todavía queda despejar otras incógnitas que, de seguro, pronto llegarán. 

2 comentarios:

  1. Tengo unas ganas inmensas de leer algo de mi niña ya finalizado ,por ello te animo a que continúes con ello......

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  2. Me abstengo de comentar, pero doy gracias a quien te haya iniciado en esto, "sabes lo q haces" y lo digo en serio.

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