The Longest Journey

Una Aventura Gráfica de Leyenda




Fecha de Salida: Noviembre 1999

Desarrollador: FunCom

Plataforma: PC

Género: Aventura Gráfica



¡Buenísimos y primaverales días, soñadores!

Como cada lunes aquí os traigo un nuevo análisis, desde mi punto de vista, de un videojuego, en esta recién abierta categoría de «¿Jugamos?». Con tan solo tres semanas en activo, hoy le toca el turno a otra aventura gráfica de sobrenombre y cuyas secuelas han ido cambiando y desacreditando a esta, su primera parte. 




Como viene siendo  común, os traigo el tráiler que estrenaron con el juego, completamente doblado en español:



A pesar de ser una recopilación de los momentos del juego, están entrelazadas entre sí de tal manera que muestran, muy a groso modo, lo que vendría siendo la temática inicial.

Tal y como vimos con «Broken Sword, la Leyenda de los Templarios», The Longest Journey es una aventura gráfica de “señalary clicar”; sin embargo, ésta no es en 2D como la anterior que comenté; sino que se adentra un poco en el 3D. En lugar de resaltar el diseño de algunos fondos de escenario, como podía pasar en Broken Sword para interactuar con los objetos, en éste juego la animación y el suavizado de los bordes recrean un equilibrio perfecto que apenas guarda diferencia entre fondo, personaje y objeto.

El apartado gráfico de secuencias de cine no es todo lo pulido que se precie, en comparación con las nuevas tecnologías; pero la calidad de los modelos, sus posturas y los rasgos más característicos de cada uno, son apreciables a pesar de todo. Sumado a los juegos de luces de los diferentes escenarios, la atmósfera llega a transportarte hasta el interior de esa misma secuencia de una forma casi mágica.

A su vez, y ya entrando de lleno en el tema de los escenarios, se empieza a consolidad la variedad de personajes no jugables en los diferentes fondos. Al contrario que en otras aventuras gráficas, donde sólo se muestra el personaje protagonista y los terceros con los que debe interactuar para conseguir información, en The Longest Journey se muestran una reducida cantidad de transeúntes, seres extraños…, etc., con los que no, necesariamente, tendrá que hablar nuestro personaje.

Volcándonos en el tema de la jugabilidad, como tantos otros de este mismo género, se pondrá a prueba la imaginación y la paciencia de los jugadores para usar y mezclar objetos, buscándoles un uso apropiado para cada situación. Al ser un videojuego con mucha carga argumental, los diálogos y detalles de las conversaciones son importantes, y a veces ofrecen cierta ayuda subjetiva para que la tengamos en cuenta. Eso sí: no es una aventura gráfica de estilo fácil, pues mucho de los misterios y acertijos son algo complicados; sin embargo, para un jugador de media experiencia no resultará ni aburrido ni muy difícil.

Con respecto a la trama tengo que asegurar que The Longest Journey no os dejará con mal sabor de boca: su historia es sublime, exquisita y auténtica. Es un juego muy largo, hasta el punto de poder disfrutarlo por más de treinta horas mínimo si se precia, contando también con la longitud de las conversaciones y las cinemáticas.


Sinopsis:


En un inicio, la trama puede estar sacada del tópico, recordando el cliché de los dos mundos: el de la ciencia, Stark, y el de magia, Arcadia, y que una sola persona es quien debe mantener el equilibrio entre ambos.  Luego está la persona que quiere iniciar la guerra entre ellos, los que apoyan su causa sin saberlo y los que son conocedores de esta amenaza y deciden luchar contra la misma.

Al margen de todo esto, está nuestra protagonista: April Ryan, una estudiante de Bellas Artes que, tras una tortuosa infancia, decide marcharse de su hogar e iniciar una nueva vida en New Venice, ciudad cuna de la cultura del nuevo siglo. Llena de jóvenes promesas a rebosar de sueños, la academia de bellas artes florece y recibe a un cuantioso número de estudiantes, entre los que se encuentra April.

La historia se inicia en el año 2209, justo unos meses después de que April llegara a New Venice y se alojara en la residencia de estudiantes “The Border House”. Una noche, nuestra protagonista tiene un sueño la mar de curioso que la transporta a otro mundo, a Arcadia, y, a raíz de ese misterioso sueño, se inicia su viaje y la que será una larga y tediosa aventura. Con la ayuda de Cortés, un francés bohemio que ronda los cincuenta y cuyo misticismo no da más que dolores de cabeza a April, ella descubre lo imposible: una conspiración para hacer colisionar los dos mundos.  Si no fuera poco, casi catalogando al viejo como desquiciado, cuando éste hace una demostración ante sus ojos sale de toda duda y de ser una mera estudiante de pintura, toma consciencia sobre su verdadero cometido.

De ese modo,  la única con la capacidad suficiente para viajar de un mundo a otro e impedir que eso suceda, inicia su Largo Viaje.


Opinión Personal:

Reconozco que esta aventura, The Longest Journey, puede que no destaque por su contenido gráfico ante la parquedad de detallismo que cabía esperarse, y mucho menos sin una mejora gráfica que, con el paso de los años, ya debía de necesitar una. No obstante, lo que realmente atrae de este videojuego, al margen de su sistema de jugabilidad, es la propia trama en sí.

Te inicias en la piel de la protagonista, una chica normal con sus preocupaciones y dudas mundanas, como la de cualquiera de diecinueve años, y de repente: ¡¡Boom!! Se inicia una cadena de acontecimientos digna de una novela de ficción. La chica, en un principio, decide no prestar atención a todo ello y continúa con su vida; pero sin buscarlo ni desearlo, de la noche a la mañana se da un giro argumental inesperado y del tamaño de un Tiranosaurio Rex…, y es que el riesgo de morir es el mismo que si, de repente, te encontraras con uno de estos últimos. Realmente, no eres capaz de ver lo que va a pasar a continuación y son esa clase de sorpresas las que dan un vuelco a tu corazón y se intensifique el querer descubrir más.

El que haya multitud de posibilidades de diálogo, a la hora de conversar con alguien, es un detalle que siempre me ha gustado en los juegos. Aunque la historia sea fija y lineal, puedes permitirte el escoger esa clase de cosas que, en apariencia, no tienen por qué ser relevantes; pero que creará multitud de reacciones en el resto de personajes hacia la protagonista, así como el añadido de obtener información extra de ir por uno u otro camino. 
 

A su vez, está la música: otro tema importante y al que le doy mucha importancia. Gracias a ella, el nivel de empatía e inmersión en el videojuego se incrementa; sin embargo, aun siendo poca la variedad de la misma, logra atraparte y sumergirte en la ambientación, hasta niveles insospechados.

 Y como viene siendo normal en esta clase de género, los puzles y el nivel de entendimiento del juego radica en agotar todas las opciones posibles, a coger un objeto y darle mil vueltas para comprender su utilidad dentro de cada situación: faltar, nunca faltan caminos y decisiones a pequeña escala que tomar…, ¡eso por descontado! La gracia de esta clase de juegos es probar todas y cada una de las ideas que se nos pasen por la cabeza, a saber observar con detenimiento lo que hemos visto pasar y en aprovechar lo que tenemos a mano.

Por la longitud del mismo, como ya mencioné antes, casi parece que la aventura no va a tener nunca un final; y aunque a veces se nos haga algo pesado,  sumado a lo que dije de las sorpresas, más de una te termina estampando en la cara para terminar reanimando los ánimos de continuar la aventura.
Junto a la versatilidad de los personajes, su modo de interactuar entre ellos, los comentarios irónicos de la protagonista y al doblaje, más que trabajado de la edición española, este primer proyecto de The Longest Journey ha ganado cuantiosas críticas a lo largo de los años. Aún ser un videojuego antiguo y tranquilo, sin la emoción o acción de las aventuras gráficas de hoy día, su historia y los secretos de la misma fue lo que la catapultó a la fama.

Como cabía esperar, mi tercera experiencia con las aventuras gráficas fue con este increíble videojuego, teniendo como fruto una grata sensación al completarla definitivamente. Y, aunque su continuación no sea tan maravillosa, recuerdo que me forcé a jugarla tan solo para saber del paradero de nuestra querida April.

Sin embargo, eso pertenecerá a otro futuro artículo de «¿Jugamos?»

Por lo que a mí respecta,  
hasta aquí he llegado en la reseña de hoy.

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