Tombi!

¡Porque el Rosa no solo es para chicas!



Fecha de Salida: Agosto, 1998

Desarrollador:
Whoopee Camp

Plataformas: PlayStation 

Género: Aventura / Plataforma



¡Buenas a todos, soñadores!

¡Es lunes, así que ya sabéis qué toca! En la categoría «¿Jugamos?» hoy hablaremos sobre una pequeña joya que pasó inadvertida a finales de los noventa. Por azar o destino, justo al siguiente año, logró caer en mis manos pasando a engrosar  en las filas de mis videojuegos favoritos. Sé que dije que no iba a demostrar preferencia alguna por uno o por otro, por lo que a pesar de haber sido glorificado por mi recuerdo pueril, procuraré ser pragmática a la hora de definirlo.


Colorido, ¿verdad? Si lo comparamos con la introducción de «Klonoa, door to Phantomile», en esta vemos como el efecto 3D de la cinemática no se nota tanto y que, en cierto sentido, sería como ver una serie de animación japonesa: dibujos en movimiento, vaya, a la antigua usanza. Además, y volviendo a mencionar a Klonoa, podemos apreciar ciertas semejanzas entre ambos juegos, ahora que ya tenemos de base el anterior para una comparativa más profunda.

Tal y como pasaba en “Door to Phantomile”, el escenario de “Tombi!” no es del todo en 3D; pero tampoco se queda en el 2D, sino en un punto intermedio entre ambos. Tomando a su vez el hecho de que tenemos a dos protagonistas con la importante misión de salvar al mundo, de una amenaza externa nuevamente, y de sus curiosas características físicas de ambos, tendríamos los puntos principales para decir: “Vale, entonces si son iguales y ya me he pasado el de Klonoa, ¿para qué tengo que molestarme en jugar a este?” ¿¡EN SERIO TE VAS A QUEDAR EN ESO!? ¡¡Presta atención, leñe!!

¡Las comparaciones con Klonoa terminan justo ahí! ¿Sabéis por qué? Porque Tombi, a pesar de tener una historia lineal, posee misiones secundarias y terciarias que, muchas de ellas,  lejos van a estar de ser completadas en un presente inmediato.  Por ello, en lugar de cerrarse una parte del mapa para no regresar a ella de nuevo, como pasaba en Klonoa y en otros muchos del estilo, el hecho de poder regresar a lugares ya visitados otorgaba libertad al jugador y, también, coherencia si se tenía que completar una misión pasada. 

La gracia de esta clase de videojuegos era completar todas las misiones para así terminarlo al 100%.  Esto, hacía que la aventura se prolongara durante horas y horas, haciendo el juego mucho más largo de lo que ya era y pudiendo disfrutar de la experiencia sin presiones. Que no sabes qué hacer en una parte, sigue adelante y ya volverás para solucionarlo…: mucha libertad y que se aleja de la monotonía de los demás.

¡No obstante, nos estamos adelantando! Veamos de qué va esta pequeña joyita.


Sinopsis:

En esta aventura nos ponemos en la piel de Tombi, nuestro protagonista, quien habiendo vivido con su abuelo durante muchos años en las islas del sur, al morir este, le cede un brazalete de oro que, según decía, le daría suerte al pelirrosa. Con su característico color de cabello, Tombi se dedicó a vivir al día según las enseñanzas de su abuelo, respetando la paz de su hogar.

Sin embargo, la aparición de una maligna magia, fruto de unos seres inteligentes llamados Cerdiablos, corrompe la tierra, el aire y el mar, tornando el mundo extraño y lleno de peligrosas criaturas. Los problemas en torno a la magia desatada se vuelcan sobre los habitantes del mundo, haciendo su existencia muy difícil, mientras los esbirros de los Cerdiablos, los cerdos Koma, van recogiendo oro y riquezas, basándose en esto mismo sus poderosos maleficios.

Ahí es donde encajaríamos el video introductorio del videojuego, justo cuando roban a Tombi la pulsera de su abuelo. De ese modo lo que, inicialmente, parece un viaje para recuperar ese preciado regalo, termina convirtiéndose en un periplo que busca la vuelta a la normalidad y donde numerosos personajes auxiliarán a Tombi con semejante misión. Visitando a numerosos ancianos, de gran poder y sabiduría, éstos nos hablan sobre la forma ideal para vencer a los Siete Cerdiablos, a través de unas bolsas mágicas de tela, llamada “Bolsas Cerdo”. (No se quebraron la cabeza con el nombre, no.) Éstas, mostrarán los portales donde se esconden los líderes cerdiablos, para que Tombi sea capaz de derrotarlos y encerrar en ellas el poder de cada uno de ellos.

De este modo, nuestro protagonista deberá recorrer el mundo en busca de dichas bolsas, sellar los portales y capturar con ello a los malvados hechiceros para restaurar el mundo, tal y como era antes de la terrible magia.

Opinión Personal:

Ahora sí que sí, paso a comentar con mayor profundidad las conclusiones sobre este juegazo.

Debéis saber que, en su momento, Tombi no recibió la publicidad que se merecía, pasando desapercibido por muchos gamers que gustaban de las aventuras plataformeras del estilo, ¿por qué? Quizás porque la “Whoopee Camp” no era una desarrolladora famosa o de tanto renombre como fue Capcom (compañía de la que derivó Whoopee Camp), o la mismísima Namco. Ya se sabe: la publicidad solo se remarca si tienes un buen respaldo capaz de hablar por ti, y que vaya más allá de lo que un primer juego de dicha empresa pueda decir del trabajo de esa pequeña franquicia emprendedora. Y es por eso que la “Whoopee Camp” quebró a los dos años de crearse por falta de fondos. Sin embargo, pese a todo, nos dejaron esta joyita y su segunda parte, que a pesar de no ser tan buena, nos hizo rememorar los momentos que vivimos con el alocado de Tombi.

Volviendo a la cuestión que aquí nos concierne. Por muy parco, llano y poco cuidado que resulte el asunto gráfico, viéndose texturas extrañas o detalles que no sabemos desde un principio qué se supone que los creadores quisieron hacer ahí, el no depender del 3D, ni tampoco anclarse en el 2D, resultó tanto un beneficio como una leve molestia inicial.  El juego, en sí, es bastante intuitivo y apto para todas las edades, pero en ciertas zonas y momentos se tiende a fallar, confundir o pasar por alto algunos puntos de acceso, por lo que se tiene que observar, detenidamente, todas las posibilidades. “¿Qué ahí hay una puerta?” Veamos si se puede entrar. “¿Se podrá acceder por ese hueco?” ¡Comprobémoslo! El tema de la exploración no es que me coarte. Todo lo contrario, ¡me encanta ver todos los rincones mapeados que posee un juego! Pero los fondos de escenario, en ocasiones, son tan pobres que no dan pie a pensar que tras una cascada o un rio, pueda haber algo más.

Con respecto al tema de la jugabilidad, como sabéis, en los juegos de plataforma solo tenemos que avanzar, saltar, coger o golpear a los enemigos. Sin embargo, aunque en Tombi se empieza así, a medida que avanzamos en nuestra aventura vamos ganando comandos, que se suman a nuestras habilidades: correr a cuatro patas para ganar más velocidad, por ejemplo, es una de ellas.

Por otro lado, cada golpe que se inflige a los enemigos son sumados en un contador (arriba, a la derecha), que nos servirá como puntos para abrir diversas cajas y conseguir poderosísimos objetos con los que combatir a nuestros enemigos. Y no solo golpes, sino que al completar cada misión, se le otorga una cantidad considerable de puntos que se suman al cómputo de los ya obtenidos. La finalidad de las misiones es, a cada cual, más entretenida y absurda que la anterior: desde jugar al escondite por todos los mapas del videojuego, hasta conseguirle un plátano a un mono con pantalones a rayas..., o incluso, echarse a llorar para que te dejen pasar a un tobogán. 

No siendo un mundo demasiado grande, la transición entre cada zona no requiere de demasiadas pausas y la amplia variedad de objetos que se llegan a conseguir hacen que el jugador se cuestione su utilidad en el futuro: “¿Una flor carnívora? ¿Para qué servirá?” Con ensayo y error, cada objeto tiene una función dentro del juego y ahí es donde cada uno debe buscarle la lógica…; aunque el juego en sí no se rija de ella. Con respecto a los jefes finales, y a esto me vengo a referir con los Siete Cerdiablos, una vez posees las bolsas pertinentes, su búsqueda se vuelve fácil y tan solo debes ir uno tras otro, pasando por los diversos puntos ya visitados, para probar suerte y entrar en combate con ellos. Ante la facilidad de los mismos, a esas alturas del juego, todo se vuelve mecánico y más llevadero al tener más experiencia, más puntos de vida, más objetos y, sobretodo, más armas; pero, a la hora de la verdad, lo que cuenta es saber “encestar” al Cerdiablo, en su respectiva bolsa…, literalmente.

Pese a lo común del argumento en sí: “protagonista que busca venganza y que, durante su camino, se le concede la misión de salvar al mundo”, las interesantes interacciones de Tombi con otros personajes son, como poco, entretenidas. Ante la mudez del protagonista, parecido al caso de Link en Zelda, y el curioso aspecto de su pelo rosa, los momentos de humor suelen ser variopintos. Si a ese le sumamos que Tombi no tiene una mochila para guardar los objetos obtenidos, sino que todo lo conserva en su estómago… ¡ya me diréis la de conclusiones que sacan los demás, al respecto!


La banda sonora, a cargo de Harumi Fujita & Nao Hatsutani, tal y como ocurría con Klonoa y, realmente, con casi todas las aventuras y plataformas del estilo, guarda cierto tinte infantil. Aunque el juego no está pensado exclusivamente para niños, pudiéndolo disfrutar cualquiera, sí que conserva la musicalidad y el tintineo pegadizo, fácil de tararear. Aún siendo de una amplia variedad, la percusión es lo más destacable, sobretodo, ofreciendo un cierto estilo de islas paradisíacas: bombos, platillos y xilófonos son los instrumentos más apreciables.
Y acercándonos al final, como última premisa, debo añadir que Tombi! es un videojuego de culto. Con el paso de los años muchos han sido los que, con la quiebra de Whoopee Camp, se han visto inmersos en las fuentes de tráfico de Ebay y otros tantos compradores online, a la caza de este juego, tanto en perfectas condiciones como los que son de segunda mano. Así que, sabiendo esto sacas dos conclusiones:
  1. Hay gente muy rara por ahí. 
  2. Esta pequeña obra maestra parece valer ese esfuerzo.    
Puede ser un videojuego entretenido y largo, siempre que el jugador sepa apreciarlo como lo que es: una aventura de plataformas, con puzles que solucionar y que, algunos de nosotros, hemos podido disfrutar cuando fuimos niños… y no tan niños.

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