Yo Confieso…#2


Yo Confieso…, que detesto los gritos.


Una confesión que muchos comparten, sin duda y de hecho habrá quien se pregunte, ¿hay alguien a quien realmente le gusten? Pues yo os lo diré. Hay personas que no gustan de gritar, o que dicen no gustar de gritar; pero que lo hacen a la mínima de cambio, aunque con ello no tengan que exponer razonamientos lógicos y tan solo se limiten a gritar por gritar, como animales.

Para  mí los gritos han ido muy ligados a mi infancia. En mi casa los utilizábamos, y utilizamos, para todo: llamar a comer, dar órdenes, reñir, exponer altamente tu indignación por algo… a lo largo de mi vida he presenciado los gritos de una forma altamente cuestionable, a decir  verdad. Desde pequeña siempre me han suscitado numerosos puntos a tener en cuenta y ahora que tengo los conocimientos precisos para ello creo que, desde el punto de vista pedagógico, un crío que crece en un hogar propenso a las elevaciones en el tono de voz puede desarrollar severos problemas de socialización. Poniéndome a mí de ejemplo, dentro de mi núcleo familiar actual soy una persona muy callada e introvertida, cuya opinión nunca será tomada en cuenta al no quedar fundamentada con una posición dominante y fuerte. Sin embargo, fuera de casa, sufro una transformación en base a las personas que me rodeen, adoptando una posición mucho más implicada y abierta en mis argumentos.

Con esto no digo que dentro del núcleo familiar no me desenvuelva bien: todo lo contrario. Pero sí que cuido muchísimo más lo que digo y lo que no. Cómo lo digo y también el momento en el que lo digo. Sin embargo, éste es un asunto que trataré en otro apartado.

Volviendo al tema que aquí nos atañe, ¿qué necesidad tiene la sociedad actual de gritar? ¿Es que acaso gritando creen llevar siempre más razón, incluso cuando tan solo se limiten a vociferar? Si soy del todo sincera cuando escucho gritar a alguien, sea quien sea, no veo a una persona…, sino a un becerro, con su cencerro bien colgado del cuello, incluso. Becerros que increpan a otras personas a volverse aún más becerros que ellos, en un bucle constante de animalismo y retroceso en la escala de la evolución. Y lo peor de todo este asunto, es que hay quienes consideran normal, día a día, emplear los gritos para todo cuando estamos en pleno siglo XXI.

Puede que en las ciudades, las grandes ciudades, no se aprecie esto mismo… o quizás sí, ¿quién sabe? Pero la realidad de las villas, aldeas, pueblos y “ciudades rurales”, la realidad que yo tengo al poner un pie fuera de casa, es exactamente la misma. Cierto que a veces uno se deje llevar, muy de tanto en tanto, por un enfado ocasional y de rienda suelta a esas rabietas y enfados. Al fin y al cabo, no todos tenemos el mismo autocontrol, ni tampoco la misma paciencia para con ciertos aspectos de nuestras vidas… y mucho menos si nos encontramos al límite, sobrecogidos por las circunstancias del momento. Pero de ahí a convertirlo en algo habitual hay muchos, muchísimos pasos.


En mi corta experiencia he conocido familias que, por comodidad y vivir en una casa grande, toman los gritos para hacer llamar a los miembros que la componen, siempre con el fin de que asistan a la mesa para comer o para que, simplemente, se presenten ante los demandantes y se les explique algo más complejo. En mi casa se hace esto mismo y de hecho presupongo que en muchos hogares españoles se hará algo parecido; sin embargo, llevar esta práctica a otros campos me parece algo muy serio y que puede dañar la sensibilidad de terceros.

¿Quién no ha presenciado una pelea verbal entre sus padres? ¿Quién no ha estado metido en una, sin saberlo? ¿Quién, llevado por la rabia del momento, no ha elevado el tono de voz hasta sentirlo rasgado y fuera de sí? La enervación y falta de control son aspectos ligados a esta, nuestra sociedad y es cierto que no podemos obviar algunos instintos básicos, inherentes en nuestro ADN, porque sí..., hace cerca de seis o siete millones de años fuimos animales, señores. Aún con toda la evolución que tenemos a nuestras espaldas, esos impulsos nerviosos que nos hace querer desear a un hombre o una mujer están ahí, del mismo modo que el gritar por irritación contra algo o alguien…; pero, señores, evolucionamos. Somos seres inteligentes no por saber hablar o asociar conceptos entre sí y ligarlos a otros, muchos más complejos, sino por pensar, por usar la lógica antes que el instinto.

De este modo, y ya finalizando mi confesión, un pequeño consejo: Antes de gritar o dejarse llevar por esa sugestión del homínido que llevamos dentro, tomad aire y contad hasta tres, muy lentamente. Cuestionaros entonces si va a valer la pena malgastar esa saliva; si vais a conseguir algo más que ahondar en vuestra indignación o enfado o si, verdaderamente, con ese alzamiento de voz no vais a herir, sin saberlo, al más sensitivo de vuestro círculo, haciendo mella en la confianza que tiene depositada éste en ti.

Citando al escritor Enrique Jardiel Poncela, me marcho por hoy.

“Todos los hombres que no tienen nada importante que decir, hablan a gritos.”

3 comentarios:

  1. Hola, me paso por aquí que me gusta mucho tu blog (:
    Bien, ahora respecto tu entrada, también hay gente con un alto tono de voz, que lo único que hace es hablar gritando, los gritos no siempre son malos. Pues sin ellos, viviriamos en un mundo de casi silencio y susurros.. algo que me resulta tenebroso..
    Pasate: http://perdiendolasensatez.blogspot.com.es/

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  2. ¡Buenas y bienvenida, espero que te quedes por aquí y te sea grata la estancia! :3

    La verdad es que contemplé el detallar eso mismo que me comentas; pero mi confesión iba destinada a otro tipo de gritos, más hirientes. Mi padre, por ejemplo, es de hablar muy alto, porque su sentido del oído no es lo que era... (pobre viejito mío u_u); no obstante los gritos de alegría o, simplemente, las llamadas de atención que no buscan herir psicológicamente a nadie, la verdad es que te sacan alguna que otra sonrisa inconsciente.

    Supongo que en ese sentido, el mundo se encuentra equilibrado: están los que hablan alto, y luego estamos otros, que preferimos la calma y hablar sin levantar mucho la voz.

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  3. Perdoname si te grito alguna vez, pero a veces es la manera de hacerle reaccionar a una persona crèeme sino q lo diga infusiondeté de no ser asi , ummm.

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