Willelmina



¿Casualidad en California?




(Este relato es parte de mi segunda prueba para el Concurso Mágico, de “Libros con alma”, que termina el 31 de Julio. ¡Si aún no habéis participado, hacedlo y probad suerte! 
Aún ser un concurso nacional, (solo para España), el premio para el ganador sería un lote de libros en papel la mar de jugosos; pero para ello tenemos que ser ocho participantes como mínimo, y tan solo somos cuatro. Si no llegamos a dicho número el concurso será anulado.
¡Animaos, participad o corred la voz! )


 
Abriendo los ojos, me volteé en la cama para mirar de soslayo el despertador: aún era pronto. En tanto la luz del exterior se filtraba a través de las cortinas, moví mis piernas bajo las sábanas para incorporarme lentamente y echar una ojeada por la ventana, que coronaba el cabecero de la cama. La misma estampa de todos los días se habría mostrado en la avenida, de no ser por una antigua furgoneta wolsvagen, en rojo y blanco, que quedaba aparcada en la puerta del jardín.

Estaba a punto de volver a la cama, tan solo para aprovechar unos minutos más de sueño antes del amanecer; pero al comprobar que un chico estaba de pie, sobre el techo de aquel curioso vehículo, apoyé la diestra sobre la ventana para entrecerrar los ojos. Absorto y mirando al horizonte, se mantenía de espaldas a la perspectiva que tenía desde mi habitación, lo que me imposibilita el verle la cara. Calzando unas zapatillas de basket, iba vestido con una camiseta blanca, cuyas mangas debió haberlas cortado por los trasquilones que, desde mi posición, pude apreciar en la propia tela. Por otro lado, el estampado de sus bermudas a cuadros, y que le llegaban por la rodilla, me recordó a los típicos que se solían emplear para la confección de faldas escocesas, en rojo y blanco; aunque también con franjas en negro. Realmente, con esas pintas, parecía el típico chulo playa; pero mi análisis confirmó esto mismo cuando eché una ojeada al interior de la furgoneta, a través de una de las ventanilla, y vi una tabla de surf: ¡qué poco original! ¿Quién no surfeaba en California?

La cuestión era que aquel moreno, de aspecto descuidado y melena recortada y recogida en una coletilla, había captado mi atención tanto por la antigualla que, supuse, debía ser suya, como por el hecho de que estuviera en la mismísima puerta de casa. Estaba claro que él desentonaba…, y es que, en todo el verano, no me había topado con nadie así por esta remilgada avenida, atestada de pijos y nuevos ricos…, y así, mi curiosidad continuó socavando mi interior, tal si buscara respuesta a un interrogante desconocido. De ese modo, continuó hasta que ese impulso, irracional e inherente en todo ser humano, me llevó a abandonar la habitación, caminar por el pasillo y bajar los escalones hasta el primer piso.

Un extraño presentimiento se asentó en la boca de mi estómago, al tiempo que cogía de la percha una blusa ancha y salía de la casa, poniéndomela por encima del vestidillo que me servía de pijama. Siguiendo el caminillo de piedrecillas, hasta la verja, crucé así el jardín y, aún ante el portazo que di con la puerta de la casa, el chico se mantuvo inmutable sobre el techo del vehículo. Escuchándole tararear una canción, cuyo estribillo reconocí, avancé movida por el detalle de que aquella melodía no era lo único que me resultaba familiar. El chirrido que profirió la puertecilla metálica, y que separaba el jardín de la calle, fue suficiente como para lograr que su rostro se ladeara hacia mí y me congelara en el acto.

Nariz pequeña y puntiaguda, rostro delgado, cuerpo atlético, ojos azules, tez ligeramente bronceada, piercings en la oreja izquierda…: con razón ese presentimiento me alertó a buena hora y catapultó al exterior. Pues pese a haberse dejado crecer el cabello y aún ante la visible dejadez de aquellas ropas, que lo hacían parecer el chico malo del barrio, la sonrisa conciliadora que Joseph me ofreció hizo que recordara el eco de esa pasada promesa veraniega, donde nuestro romántico encuentro se dio hacía unos años. 

-          ¿Willelmina? – Preguntó incrédulo, al creer reconocerme. 

6 comentarios:

  1. Qué misterioso. Me ha gustado el hecho de que usaras un vocabulario común en ciertas partes para describir al personaje del que poco se sabe; tan solo cómo va vestido y poco más, su nombre (ah, y que nuestra narradora le conoce).

    Esta entrada me ha gustado mucho. No harías una continuación... ¿no?
    De todas maneras, espero que ganes el concurso, Mey. :)

    Saludos y despedidas. ~

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario, Rem; pero realmente, espero que gane el/la mejor, si es que el concurso llega hasta el final sin ser anulado.

      Y con respecto a una continuación, no lo veo viable por el momento..., aunque sí tengo que decir que Joseph, el chico, es un personaje recurrente en algunas de mis historias. ;3

      Eliminar
  2. Está muy bien,me quedo con la intriga de saber qué pasa! por otra parte, hay un pequeño error donde dices "aspecto descuido" supongo que quieres decir aspecto descuidado.
    Otra cosa que no se si es intencionada o no, es que pones muy seguidos cuatro diminutivos acabados en -illo (vestidillo,caminillo,piedrecillas y puertecilla) que a mi no me gusta demasiado, pero por supuesto es solo mi opinión.
    Espero que tengas mucha suerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Buenas Charo! Como lo escribí por la noche se me debió pasar el primer apunte que has mencionado; sin embargo, los otros sí son completamente intencionados. No te preocupes por dar tu opinión: no siempre mi trabajo va a gustar a todos ;)

      Eliminar
  3. Me ha gustado mucho tu forma de escribir!
    Te seguiré leyendo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hi, Hi! ¡Bienvenida, Andrómeda! Siempre es un placer recibir visitantes nuevos en mi humilde hogar y si además se quedan, ¡pues mejor!

      ¡Disfruta de la estancia! :3

      Eliminar

Hi, hi, Dreamer! Antes de que cierres esto, ¿no quieres dejarme tu opinión al respecto? Comentar una entrada te llevará pocos minutos y con tu contribución conseguirás no solo que mi humilde hogar crezca… ¡sino que también me alegrarás el día!

Te pido respeto y, por favor, ahórrate dejar cualquier link o publicidad. Si quieres más información sobre este aspecto, clica aquí para saber acerca de la política de este Blog.