Yo Confieso...#6



Yo Confieso que este año no hay vacaciones para mí.


Normalmente, en esta época del año y sobretodo en esta semana, la última del mes de julio, me veo  terminando una maleta y llenándola de ropa para irme a veranear a un pequeño pueblo de montaña del norte, junto a mi pareja, tal y como acostumbro a hacer desde 2009.


Al contrario que aquí, los parajes se mantienen muy fértiles por el clima propicio, fresco y tan propiamente húmedo de una montaña: bastante agradable, en comparación con las fuertes y altas temperaturas a las que estoy acostumbrada, y que tanta mella hacen en mi entorno y en mí misma. Sin dar paso a una llanura mustia o sombría por los tonos dorados o cobrizos que la sequedad propia del estío infringe sobre la tierra, agrietándola, allí los árboles muestran un precioso color verdoso, lleno de viveza y luz, que te arrancan una media sonrisa al pasear bajo sus copas a la caída de la tarde. El olor del aire es diferente y el propio viento, que juguetea con el vuelo de las faldas y que alborota tus cabellos, es agradable… y casi mágico, como si dichos efectos hubieran sido sacados de una romántica película de Hollywood. También, claro está, se aprecian mucho más los sonidos naturales del medioambiente: cómo se agitan la parte superior de los abetos y los cedros con una casual brisa, el cantar de los pájaros al mediodía, el rumor del agua caer en un riachuelo…

Sin lugar a dudas, los mejores momentos con él, hasta la fecha, están recogidos en esas calles adoquinadas, bajo esas altas farolas y entre esos edificios tapiados y cuyas estructuras, tiempo ha, fueron testigos de historias, amores imposibles, conspiraciones, acuerdos y tratos del pasado siglo.

Pero este año, por motivos económicos y porque no he encontrado trabajo de absolutamente nada, me he tenido que quedar en casa y aguantar el calor, el hastío y la desesperación de no tenerle conmigo…, así como de añadir muchos más meses a no poder verle, tocarle y revolverle esa mata de pelo oscuro, que tan bien huele cuando se queda dormido junto a mí. Eran aficiones y caprichos que me alegraban y ayudaban a seguir adelante, a ver las cosas de diferente manera; sin embargo, este año no ha podido ser, y a veces, siento ese deseo de fundirme en un fuerte abrazo con él y llorar, por lo duro que es el no estar junto al ser amado.

Por ello, si leéis esto y os encontráis de vacaciones u os vais a ir pronto a algún sitio, quiero que las disfrutéis al máximo por mí; quiero que os lo paséis bomba, que os relajéis y que os sintáis a las mil maravillas. ¿Que por qué? Porque vosotros podéis, porque sois afortunados de cambiar el chip y recargar pilas y porque, sobretodo, de vosotros depende el que sean unas vacaciones memorables. Así que, ni se os ocurra sentir lástima cuando terminéis de leer esta entrada: sé que esto debe ser una clase de prueba y que, a pesar del dolor, lo sabré combatir, del mismo modo que he sobrellevado tantas otras consternaciones a base de caer y levantarme. 

De este modo, ya cerrando, reitero que quiero... no: EXIJO que aprovechéis al máximo los que os vayáis a alguna parte en Agosto y, para tranquilizaros, os diré que mi pequeño reino de letras seguirá aquí para daros la bienvenida con nuevas entradas y curiosidades varias. 

¡Felices Vacaciones a todos!

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