Aunque ahora estés Lejos...

 “No puedo olvidar lo que hemos vivido juntos”



¿Sabes? Es en estos días, los que considero realmente señalados y de gran importancia, cuando me sobrevienen a la cabeza aspectos de hace algunos años: detalles que, aunque parezca que los pueda pasar por alto, están ahí…, bien presentes en mi cabeza.

Esta situación, la mía, casi resulta hilarante: es como si, de repente, todo encajara  en su debido lugar, al margen de la niebla que acostumbrara a haber, y tuviera la necesidad de contarlo para que no cayese en el olvido. Pero es que, los porqués de lo que hicimos, de cómo lo hicimos y de lo que ahora somos, viene de hace mucho tiempo atrás, y ahora estoy aquí, tomándome un receso para analizarlo todo a conciencia… ¡como si realmente pudiera haber una explicación lógica, más allá de lo que esas ocho letras que cada día pronuncio y comparto contigo! Claro que, estoy segura de que tú si encontrarías esas razones lógicas…, esas que yo no encuentro por ningún lado, porque soy pura emoción: joder, a veces eres más inteligente de lo que llego a recordar.


Sin embargo, y volviendo a lo anterior, me da por pensar en lo que fui años atrás… y en lo que soy ahora, y realmente veo un cambio muy drástico, a la par que destacable. Una vez pensé que estaba acabada: veía mi final entre suspensos, gritos y crueles comparaciones. Me sentía atrapada en una habitación cuyas paredes se estrechaban sobre mí, asfixiándome y amenazando con aplastar mis alas. A la deriva, me debatía entre acabar con todo de una vez por todas o, simplemente, mantenerme resignada en el barro, incapaz siquiera de alzar la vista…, hastiada de la visión de un mundo tan cruel como éste.

Ahora que recuerdo esas sensaciones y mis idas y venidas, fingiendo ser alguien que no era, es al echar un vistazo atrás cuando no puedo evitar sonreír. Todo en esta vida es caer y levantarse, una vez tras otra, y lo sé; pero nadie me dijo que, en esa constante evolución, con cada tropiezo estaría más cansada y que debía ser fuerte para levantarme por mí sola. Aún ahora soy incapaz de llegar a ese punto; pero, al contrario que antes, me complazco al sentirte conmigo…, a mi lado.

Tú siempre has sido el fuerte, el que albergaba suficiente confianza dentro como para animarme a ser como realmente era… y no como debía ser, según lo que otros esperaban de mí. Resultó incómodo darse cuenta de este mensaje cuando, desde niña, lo vi reflejado tantas veces en diversas plataformas: libros, películas, videojuegos… No obstante, experimentarlo no se habría dado de no ser por el paso que me impulsaste a avanzar aquella madrugada, entre el dieciséis y el diecisiete de mayo. Un paso cuya importancia supera, con creces, la labor de años que algunos de mis cercanos se atribuyen a sí mismos.

Cambiaste mi vida, mi manera de pensar, mi forma de ser… y todo a mejor. Reflotaste en mí la confianza que perdí a lo largo de seis largos años: años en los que me sentí como si no valiera nada, y todo con la paciencia y la comprensión que durante muchísimo tiempo estuve buscando en las personas equivocadas. Fuiste tú quien me inculcaste el luchar por aquellos ideales y sueños en los que nadie más creía, y es que también fuiste tú la mano que se me tendió cuando me ahogaba en mi miseria, sin remisión alguna. Cogiste un corazón roto, desinflado y falto de ilusión y lo sometiste a una ardua y constante terapia, haciendo que reluciese por sí mismo. Y pese a no ser tarea fácil, a lo largo de estos seis años y cinco meses, cambiaste depresión, lágrimas y oscuridad por alegría, risas y luz. Independientemente del buen o mal día que llevaras a tu espalda, tú siempre estabas ahí para mí, y ojalá pudiera corresponder diciéndote que hice lo mismo…

Sin embargo, al igual que todas las relaciones tienen sus puntos y comas, es en este día tan señalado para ambos cuando te reitero, mediante mis humildes palabras, que aparte de los besos y caricias, estar a tu lado ha significado y significa entender ser parte de un nosotros, para bien y para mal, y que nunca antes una idea tan clara y maravillosamente cierta me había hecho sentir fuerte y vulnerable al mismo tiempo.

Y deseándote un feliz día, Mi Amado Guerrero, a  pesar de lo que otros digan y de lo que muchos mal puedan pensar, tengo por cierto que tú eres mi presente y por supuesto también serás mi futuro; no obstante, de la misma forma que una grulla encuentra en otra el amor para el resto de sus días, Mi Querido Âmon, tú has sido lo mejor que me ha pasado en la vida…

Feliz Cumpleaños, y espero que los siguientes 
sigan siendo conmigo a tu lado.

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