Érase una vez…



¿Cuánto tiempo hacía desde que este humilde bardo no os deleitaba con alguna de sus viejas historias? ¡Ah! ¡Cuán largas han debido de ser vuestras oscuras noches…! ¡Y cuán aburridas, pardiez! Más no os acongojéis ahora…, no seáis tímidos. Ya os encontráis aquí y no hay retorno, no. Sentaos a mi vera, deleitaos con mi prosa y tomad buena nota de mis palabras, pues en ellas la verdad danza a placer y se oculta entre lo rabitos y las formas cilíndricas de estas obedientes y sutiles letritas mías. 

Hace veintitrés años que una familia esperaba a su primogénito, un recién nacido que llevaba en su sino la Huella que le marcaba como Salvador de un Alguien. Entre empujes, gritos y sangre el pequeño combatiente se alzó con su llanto, señal inequívoca de la larga vida que le aguardaba y es que, aún ser un neonato y quedar entre los brazos de su protectora madre, había librado ya la primera de sus batallas…, como todo gran Guerrero.

Desde niño, se mostró diferente a todos los demás: sus héroes no eran sino los villanos que otros tantos temían y sus iconos, aquellos de los que el resto de niños rehuían. Sin embargo, aquel pequeño guerrero era feliz y su familia así le aceptaba, con sus muchas peculiaridades y habilidades.

Sin embargo, cuantos más años pasaban, más oscura y laberíntica se tornaba su mente. Alejado y cercano a un mismo tiempo, ocultaba tras un oscuro velo su verdadera naturaleza. En pos de convertirse en una sombra, capaz de albergar los secretos, emociones y verdaderas intenciones de quienes le rodeaban, su único alimento eran los sentimientos ajenos. Sentimientos que él, por alguna mística razón, no podía reproducir sin degustar antes un ejemplo de los mismos.

El tiempo hizo que muchos otros se adentraran en sus dominios, creyéndose a salvo o fuera de todo peligro, pues el Guerrero bien sabía acerca del arte de la manipulación. Cosechando emociones que iba sembrando en aquellos incautos, cual chupóptero alado, muchos lograron alejarse a tiempo al darse cuenta de su engaño…, más otros no lograron su misma suerte; pero solo uno de ellos logró su cometido.

Entre el follaje y los arbustos de espino, que atravesaban los dominios del Guerrero, una pequeña figura se abrió paso bajo la atenta mirada de la acechante criatura.  Perdida y superada por la fatiga, el Guerrero aprovechó la ocasión, tal y como hacía con los tantos que habían pisado su terreno, y buscó alimentarse de tan exquisita inocencia; no obstante, el resultado no fue el esperado.

Al ayudar a aquella pequeña flor, se vio repentinamente guardándola de todo mal, hasta el punto de considerarla suya. Sin embargo, aún sin quererlo, continuaba alimentándose, haciéndola creer y jugando con el significado de las palabras…, hasta que un día, la pequeña flor se dio cuenta de aquel juego.

En un principio, enfadada, quiso alejarse…, degustando la agria e incomprensible realidad que se cernía ante ella, irremediablemente. No obstante, al detener sus pasos y pensar el por qué de aquello, no pudo evitar que su corazón se encogiera, debatiéndose entre una alegría repentina y una profunda tristeza. Todo ello vino de mirar en derredor y comprobar, para su suerte, que era la única que había llegado a aquella zona, perteneciente al dominio del Guerrero: solo ella sabía de su verdadera naturaleza y solo ella podía ofrecerle esas emociones que tanto él ansiaba.

De este modo, volviendo sobre sus pasos, una vez quedó a su lado inclinó la cabeza contra su hombro, buscando su calor, a la par que su perdón. Exenta de toda palabra, la pequeña flor sonrió conforme y, una vez lo hizo, aquel guerrero que tiempo ha fue sombra, tomó la forma del gran lobo azabache. A sus ojos era el Lobo Guerrero que siempre había sido y que continuaría siendo…, pues la nobleza, la protección hacia los suyos y la eterna lealtad y devoción que profesaba hacia su pequeña Flor, tan distinta a él, primaba por encima de cualquier otro aspecto.

Y así, mis queridos acompañantes, cuando nuevamente el corazón se antepone a toda verídica razón.

“Estoy convencido de que, en un principio, Dios hizo 
un mundo distinto para cada hombre, 
y que es ese mundo, que está dentro de 
nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir.”
Oscar Wilde, Escritor irlandés.

2 comentarios:

  1. ¡Síííí, ha vuelto! ¡Mi querido Bardo ha vuelto! Estaba deseando leer más historias de las tuyas. jajaja
    Bromas aparte, me ha encantado esta historia, espero que sigas así Mey, deleitándonos y compartiendo tanto temas con nostros. gracias.

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    Respuestas
    1. Hi, hi! ¡Si yo sabía que te dejarías caer tarde o temprano!

      ¡Me alegra de que te haya gustado y espero volver a verte por aquí en otra ocasión, peque! No será la última vez que veas a "Dark Bard" y que escuches sus historias. Al fin y al cabo, Octubre es su mes favorito...

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