Sabes que estás muerto…

Y no te importa...


Degustando su empalagosa compañía en las tardes de ocio, el sueño ególatra de esos infelices inflamaba un ego que, cada vez, se tornaba posesivo y hambriento de elogios. El “yo” primaba por encima de todo y un impertérrito orgullo suplantaba una falsa humildad que, velada e inexistente, atrapaba a los se iba encontrando en una tela de araña cada vez más extensa.
El proceso era sencillo y es que, como miel, algunos seleccionaban a sus presas de entre las mejores letras, siempre en manos de quienes sabían esgrimirlas con sutiles modales e incorrupta sinceridad. Para ellos a una rosa, de hermoso aroma, se le podían extraer las espinas para así llegar a esclavizarla y tomarla como suya, bajo una falsa demanda de amistad; no obstante, y ya de mi propia experiencia escarmentada, tuve a bien no malgastar palabra alguna al sentirme presa de la situación.

Ahora, liberada de ello, puedo decir que la rosa espinosa que me conforma ha hecho estallar el globo de esa pretensión, que su estallido me ha dolido; pero que sigo tan intacta como antes de que esa falsedad me afectara, engañara y manchara.

Ahora, liberada de ello, puedo afirmar que soy y siempre seré un prototipo Shakesperiano, una delicia que dilata los sentidos y que, inevitablemente, conforma un claro objetivo para futuros entes Sin-Sentido.
Ahora, liberada de ello, soy esa “gilipollas” que lo ha engañado, dice él, cuando desde el principio más alto y claro no pude haberlo dejado.

Sin embargo, ¿no había dicho una vez que su paciencia era reducida con el ser humano? Pues, chico, ¿acaso no ves que eso mismo es lo que, en esta ocasión, se te ha aplicado?

De insulto fácil es la mente del ignorante, que solo ve aquello que quiere ver; que no escucha otro sonido que el de su propia voz; y que no siente, por supuesto, aquello que jamás ha experimentado. 

Cobarde en vida, ¡quédate con tus mentiras! Mi propio tiempo y afecto son asuntos que solo yo merezco y tu máscara, mala copia de otras tantas ha dado tu show por finiquitado.

Sin despedida, firmas pusilánime tu billete de salida, pero no demores más el volver a la soledad de esa conocida avenida. Solo y muerto te vas a quedar, ególatra de sueños imperfectos, porque te sabes muerto en vida y no te parece importar.


||Durante mi vida me he visto rodeada de personas, muchas personas, todas ellas diferentes y con muy variadas metas; pero esta entrada solo está dedicada a un tipo específico de ellas. Hay momentos en los que crees conocer a alguien, e incluso piensas y la consideras amigo, llegando a defenderlo y excusar su comportamiento ante otros, cuando la realidad es bien distinta.

Es por eso que me decidí a escribir estas letras para vosotros, y también para mí misma, en un recordatorio bien fácil de asimilar. Para mí, los que dicen ser amigos, amigos verdaderos, son como la sangre: acuden a la herida sin necesidad de que nadie los llame; tienen la capacidad de aceptar un consejo, de anteponer su propio orgullo a la situación y, sobretodo, de escuchar. Porque están los amigos que te hacen reír con mentiras, y luego están los que te hacen llorar con verdades. ¿Y tú, qué clase de amigo eres?
 
¿Cuál es tu opinión para con esta entrada? ¿Qué es lo que esperas de una amistad? ¡Si tenéis algo que decir no temáis en compartir vuestro punto de vista en los comentarios!||

0 comentarios:

Publicar un comentario

Hi, hi, Dreamer! Antes de que cierres esto, ¿no quieres dejarme tu opinión al respecto? Comentar una entrada te llevará pocos minutos y con tu contribución conseguirás no solo que mi humilde hogar crezca… ¡sino que también me alegrarás el día!

Te pido respeto y, por favor, ahórrate dejar cualquier link o publicidad. Si quieres más información sobre este aspecto, clica aquí para saber acerca de la política de este Blog.