Stardust

Título: Stardust

Título Original:  Stardust

Productora: Paramount Pictures

Director: Matthew Vaughn

Música: Ilian Eshkeri

Año: 2007

Duración: 130 minutos

Idioma: Castellano

Género: Fantasía, Aventura, Romance

Clasificación (España): Apta para todos los públicos.

La historia se desarrolla en un pequeño pueblo inglés llamado Muro, y es que este nombre le viene, simple y llanamente, porque un muro de piedra ha mantenido a sus habitantes alejados de la amenaza que representa el universo paralelo y sobrenatural que existe más allá de él.  Sin embargo, el joven Tristán Throne decide prometerle a Victoria, la chica de sus sueños y la más guapa del pueblo, la estrella fugaz que cayó esa misma noche con el fin de ganarse su corazón; pero para llegar hasta ella debe cruzar el muro. 

Convirtiéndose su viaje en una verdadera Odisea, Tristán se percata de que la estrella no es tal como esperaba, sino que ha adoptado el perfil de una vivaz  y hermosa joven llamada Yvaine.

Paralelamente a esto, no solo Tristán decidió dar con la estrella, sino que los cuatro hijos del Rey de Stormhold también la buscan para poder coronarse Reyes; tres hermanos fantasmas de éstos para poder ser liberados de la maldición que les ata y, por último, la bruja Lamia para poder recuperar su juventud, junto con sus dos hermanas. Es por ello que Tristán decide proteger y llevar a Yvaine con su amada Victoria, conociendo en el camino a curiosas personalidades que, tanto ayudarán como supondrán numerosos obstáculos en su aventura. Y esta, mientras dura, le hará descubrir el secreto de su verdadero yo, a la par que del destino que está escrito y le aguarda más allá de las estrellas.

Hi, hi! ¿Cómo va eso? Tal y como sucedió con la anterior reseña peliculera, me he venido a chocar con otra de las obras adaptadas al cine de Neil Gaiman, que hace referencia a su segunda novela, nada más y nada menos. Como ya expuse anteriormente, esta reseña es exclusiva de la película, no del libro, por lo que las pequeñas diferencias que pudiera haber entre ambos no las he destacado por motivos evidentes. Sin embargo, si tengo la posibilidad de hacerme con el libro, no dudéis en que lo reseñaré con gusto y haré la comparativa, llegado el momento.

Empezando, diré que la introducción me gustó muchísimo: la manera de narrar, tan simplista pero a la vez tan tierno, me recordó a esa esencia (casi extinta) que tenían los padres y los abuelos a la hora de contar una historia para dormir a sus hijos y nietos. A pesar de que cuando leí sobre ella no tenía muy claro si me gustaría o no, el cómo está presentado me hizo ver que aquello no era tan para niños como se quiere hacer creer. Sí, es cierto que hay elementos muy clásicos de los cuentos de hadas; pero la cosa va más allá.

El caso es que al comienzo ves lo que te introduce al protagonista de la obra, (Tristán), a través de las acciones que realizó su padre con su edad. No obstante, cuando por fin el hilo argumental se centra definitivamente en el protagonista, te das cuenta de que es el mismo actor. Esto me resultó bastante curioso y supuse que, como guiño, decidieron hacerlo así para exponer ese refrán que reza “de tal palo tal astilla”.

Aunque quedando éste aspecto algo lejos de la realidad, el pobre Tristán, en resumidas cuentas, es un calzonazos en toda regla. ¿Por qué? Porque está prendado de una chica, Victoria, que nunca le verá tal y como es de verdad y que, en realidad, solo supone un pretendiente más en la lista que no complacerá: la típica visión del amor inalcanzable, al que el protagonista ve como una diosa inmaculada…, cuando realmente es una completa víbora manipuladora.

Sin embargo, y ya dejando a un lado el tema de que Tristán se muestra como un inmaduro al inicio de esta historia (actitud propia de alguien soñador, que no sabe cómo funciona el mundo), he de recalcar su constante evolución a lo largo de la misma. Aunque en un principio sigue empeñado en cumplir con su cometido, dado que dio su palabra de ello, sí que es cierto que poco a poco se va percatando de cómo es, de cómo se ha venido comportando y, en especial, de lo que realmente quiere ser. En un análisis más profundo puedo asegurar que esa evolución constante, que muchos buscamos a la hora de juzgar una película, novela o “whatever you want” para que tenga ese algo irremplazable,  se muestra en cada escenario. Y no solo de cara a que el propio protagonista se percata de ello, por sí solo, sino que es gracias a otros por lo decide cambiar a mejor persona.

Y ahora que estoy hablando de los personajes, otro asunto que me agradó fue el flujo de acción constante y los cambios que se suceden de un personaje a otro. Pese a que Tristán e Yvaine son los verdaderos protagonistas, no hay que olvidar todos los puntos de acción que, con la llegada de Yvaine, se van moviendo para buscar aprovecharse de sus propiedades estelares: las brujas por un lado, los príncipes por otro, puntualmente el capitán Shakespeare (el personaje favorito de muchos por razones que no voy a spoilear) o un siniestro mercader. El que la cámara activa pase de uno a otro, para mostrar al espectador todo lo que se cuece, hace mucho más dinámica esta aventura y ofrece un mayor punto de vista sobre los intereses que cada uno tiene a la hora de actuar.

El contrapunto agridulce que le pondría sería que, debido a la buena fe del personaje de Yvaine, en algunas escenas me llegó a hervir la sangre ante las pocas luces, (jeje, menudo chiste tratándose de una estrella xD), que llega  a tener la protagonista. De hecho, fue esa clase de momentos en los que dices lo clásico de “yo en su lugar me hubiera resistido un poco: total, ¿qué pierdo por intentarlo?” Y es que esa fuerza inicial que mostraba, cuando conoció a Tristán, va flaqueando…, quizás para  intercambiarse por otra para ganar más importancia en asuntos profundos, mirando de cara al plano de los sentimientos. Desconozco si en el libro esto se mantiene, si se ahonda en ello o si se muestra tal y como deja entrever la actriz (magnífica interpretación, por cierto, la de Claire Danes). Pero tratándose de una especie de “Cuento de Hadas”, tal y como lo veo, creo que el perfil de Yvaine se asemejaría bastante al de la típica princesa en apuros con un cierto toque guerrillero que se va suavizando, a medida que avanza la historia. Sin embargo, no es tanto una “princesa florero” como se da a entender: sacando todo lo bueno de esos sentimientos, en los que profundizó a lo largo de toda la trama, la historia termina tal y como te la esperas sin mucho más que explicar al respecto y sin cabos sueltos por atar.

Los temas a tocar son muy variados, pero también he de decir que son los propios que se esperan de un cuento clásico: el amor de una joven, la búsqueda de la valentía y la convicción de uno mismo, el rol de maestro que otorga las cualidades necesarias al héroe para que éste afronte su viaje o el valor de la amistad, la humildad, la generosidad, la sinceridad y la verdad. En cierto sentido, creo que Neil Gaiman refuerza todas las cualidades que el mundo debería tener en sus obras, contraponiendo siempre lo bueno con lo malo y caracterizando a más de un personaje con dichas cualidades y defectos que, siempre, forman parte del ser humano; pero que es el propio ser humano quien decide de ostentar una u otra. Y es esa dualidad, por tanto, la que te mantiene atento. 
Por otro lado, y ya englobando el escabroso tema de los antagonistas, Stardust tiene un aspecto que me gusta mucho y es que te presenta un amplio abanico de personajes, de entre los que están los que son, realmente, villanos en toda regla y no van a cambiar su papel y luego te colocan, junto a ellos, a otros personajes que, pese a no ser tan malvados, sí es verdad que tienen rasgos genéricos y actitudes propias de un villano: egoísmo, avaricia, frialdad, deshumanización… pero siempre, instintivamente y lo mires por donde lo mires, los separa de los que son verdaderamente una amenaza para los protagonistas. En mi caso, mientras analizaba la película, comenté más de una vez: “Son malos pero no tanto, después de todo”, y es que, en la comparación con los principales, siempre pesan más éstos que los otros villanos secundarios.  Como apunte, diré que la interpretación de Michelle Pfeiffer me dejó sin habla: resultó sublime verla de nuevo y es que, para mí, es una de las pocas actrices que sabe separar personaje de su propia persona. Quiero decir, (y para que me entendáis mejor porque soy muy mía), que vi antes al personaje que interpretaba… y no a la actriz. En un inicio, pese a que me sonaba muchísimo su cara, no la identifiqué hasta poco después y aún así, continué viendo al personaje que encarnaba, creyéndomelo como alguien real. Supongo que se debe al personaje tan bien construido de la novela, no lo sé; sin embargo, y centrándome en la actuación de Pfeiffer, ésta fue increíble de principio a fin.
Y ya cerrando, en mi fundada opinión, creo que esta película se merece un 5/5, con la pincelada nota de un 9/10. Los vestuarios tan bien cuidados, que incluso posee pequeños detalles en los accesorios que pasan desapercibidos a simple vista; los escenarios y la recreación de los mismos, que inspiran y te introducen en la trama con sapiencia y sin descanso; la interpretación de todos y cada uno de los actores, incluyendo los extras.
Stardust es una película para ver en cualquier época del año y, encima, abierta para todos los públicos, por lo que los más pequeños podrán disfrutar de ella como si de un cuento se tratase. Es divertida, fomenta muchos valores que, a día de hoy, parece que resulta tabú sacarlos en la gran pantalla y, además, te entretiene y pese a que, desde el inicio, sabes cómo va a terminar.

«¿Recuerdas que te dije que sé poco del amor? Pues no es verdad. Sé, sé mucho del amor...»

¿Habéis visto la película o leído el libro? Si no lo habéis hecho… ¿os han entrado ganas? ¿Qué os ha parecido? ¡Todo comentario al respecto es bienvenido!

2 comentarios:

  1. Cuando vi esta película la disfruté como una niña, pues me recordaba a muchas de las historias que veía y leía de niña: esa sencillez, la ternura, y el humor con que lo cuenta. Y, sinceramente, se le coge cariño a algunos de los personajes, que te arrancan unas cuantas carcajadas: ¡cómo disfruté con esos piratas, de verdad! Me ha entrado ganas de leerme el libro.

    pd: no sé si os pasará a vostros, pero después de esta película me costó volver a ver a Robert de Niro igual que antes.

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    1. Hi, hi, Xio! La verdad es que sí: Stardust es una de las películas que te hacen volver a la niñez, en el mejor de los sentidos, y también es uno de los grandes ejemplos que ponen en relieve el que no se precise de animación 3D o dibujos animados para que una película tenga que ser para niños. Y ya somos dos en querer leer el libro, a ver qué tal es.

      PD: Justo el otro día me vi una película de DeNiro y tuve que hacer un arduo esfuerzo por ponerme en situación. xD

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