Reto “Yo Escribo” – 3ª Pregunta



Hi, hi, Dreamers!

Menudo fin de semana más chungo que he tenido, y es que con altibajos apenas he podido centrarme en hacer cosillas para esta semana. Algo más recuperada por fin, tras una noche de espanto, vuelvo para retomar el responder al reto que, como ya sabéis los que vais leyéndome, es organizado por “Eleazar writes” y tiene como fin conectar entre sí a los escritores noveles o que están de camino a serlo, descubrir los blogs de otros y, de paso, divertirnos y conocernos un poco mejor.
En primer lugar tengo que decir que, al contrario que todos los que conozco, yo no dispongo de un espacio para mí sola, sino que desde siempre he tenido que compartir habitación; pero no entendáis habitación como un lugar con cama, armario, etc… (Que también lo he tenido que compartir durante veinte años), sino un cuarto donde trabajar. Desde niña, llamábamos a esta habitación como “NAVE”, y no por tener aspecto de nave espacial ni mucho menos, sino más bien porque era parecido a una nave industrial donde meter trastos así que, en teoría, mi lugar de trabajo vendría siendo como un trastero, apartado de la casa por medio de un patio de unos dos o tres metros.

En esta sala, en un principio, estábamos mi hermana y yo. Aquí hacíamos los deberes, jugábamos y, en cierto modo, toda nuestra vida creativa se desarrollaba entre estas paredes y no entre las de la casa, propiamente dicha. Al independizarse mi hermana, hace unos tres años, la zona derecha (que era suya) pasó a ser mía y la izquierda (que había sido la mía hasta su marcha) fue ocupada por mi hermano menor y mi madre. A pesar de que insistí en que esta fuera mi habitación (ahora sí, con cama, armario… etc) la idea no cuajó y mis padres se negaron en redondo: cosas que pasan. Es por ello que nunca he dispuesto de una sala, despacho, habitación..., un lugar que poder considerar como mío y en la que meterme a crear sin interrupciones, ajena a otros tantos aspectos que me imposibilitan el concentrarme: una habitación  en la que solo estuviera yo. A pesar de que, con los años, ya debería estar inmunizada contra todo lo anterior, no lo estoy…, ni mucho menos, por eso pienso que hasta que no me independice no tendré el espacio que requiere el poder desempeñar, al cien por cien, mi trabajo como escritora.

Si has llegado hasta aquí, te felicito, pues tiendo a enrollarme como una persiana en la presentación de una situación y eso lleva a aburrir a según qué tipo de gente; pero al menos, ya eres consciente de mi nivel de exigencia a la hora de ponerme a escribir. Ahora sí, paso a facilitaros una galería con curiosidades varias, así como de hacer más ameno este artículo:


Aunque el cuarto en sí es más profundo, sólo he sacado la parte donde trabajo intensamente: la zona del escritorio. A groso modo no es gran cosa, y aunque me gustaría tener otro tipo de disposición para con el mismo, es lo que tengo y no me quejo, ya que dentro de lo malo, logra cumplir su función. Previamente a sentarse y escribir, he de aclarar lo esencial:

  • La mesa debe estar libre de polvo.
  • El teclado y las pantallas también deben estar limpios.
  • He de tener agua cerca, de ahí que disponga de varias botellas llenas, para así librarme de tener que levantarme para saciar la sed.
  • Tiene que haber buena iluminación: por la mañana, las cortinas están recogidas para que entre la luz natural y por la noche la del escritorio se enciende y proyecta hacia mi teclado.


Actualmente dispongo de un portátil, en vistas de que el sobremesa que me gustaría tener es bastante caro; no obstante, como no me fio mucho de él, en lugar de almacenar todo en la unidad del propio ordenador (ya de por sí reducida), tengo una unidad extraíble de 500gb donde todo lo que hago queda a buen recaudo. Como veis, junto al portátil hay un segundo monitor y es que con este, que pertenecía a mi antiguo sobremesa, todo me resulta más rápido de hacer. En tanto escribo en la pantalla del portátil, en la segunda puede tener música, carpetas, photoshop u otros documentos abiertos para no tener que ir cambiando, reduciendo ventanas o buscando en la pantalla principal: todo está muy a mano, a decir verdad y me resulta muy cómodo a la hora de ponerme a organizarme el tiempo.


Un detalle de hasta qué punto puedo llegar a ser algo obsesiva con el orden: aquí, algunos de los cuadernos que utilizo para anotar cosillas. Empleando una caja artesanal a modo de archivador, los cuadernos quedan sostenidos por la figura de Sancho Panza (Izda.) y Don Quijote (Dcha.)


Otro detalle, que siempre empleo cuando voy a ponerme a escribir son las barritas de incienso perfumado y la aromaterapia. Ésta práctica la llevo empleando desde los diecinueve y acompañándola, para centrarme en lo que estoy haciendo, también realizo un ejercicio de relajación enfocado a la respiración. Todo lo malo lo echo fuera, de ese modo me mentalizo a escribir y me pongo de meta un número de páginas: siempre una, como mínimo.


¿Os acordáis de que ya comenté que era algo olvidadiza? Pues he aquí un ejemplo de ello. A lo largo del escritorio tengo unas cuantas notas aquí y allá: de los pasos a seguir de mi novela, detalles de los personajes, motes, los nombres de algunos secundarios, ideas que añadir a según qué, localizaciones…etc. Un sinfín de cosas, a decir verdad, y es que el miedo a que se me olvide una gran idea me incita a capturarlas en cualquier papel que vea.

Tal y como os comenté en la primera pregunta del reto, soy una persona muy visual. Tiendo, no solo a decorar las paredes con posters y dibujos para que el ambiente sea más acogedor, sino a que cuando me quedo atascada en alguna parte de un escrito me lanzo de lleno a diseñar, lápiz y goma en mano; a buscar el por qué no avanzo ni visualizo la escena en la que me he quedado. 

De hecho disponiendo de un tablón de corcho, no dudé en colgarlo para  llenarlo de mis diseños personales y así tenerlos a la vista. Del mismo modo, y colocando a su lado una pizarra portátil, también empleo ésta para anotaciones varias; aunque no tan concretas como las que tengo repartidas por el escritorio…, normalmente hacen alusión a detalles del final del proyecto que llevo a cabo en el momento.

Como manías, propiamente dichas, además de la  aromaterapia y de que todo tenga que estar limpio y ordenado, a la hora de escribir algo que se ha vuelto imprescindible para mí es escuchar las pistas de música de mi canal de youtube: todas ellas están adecuadas a diversas situaciones y son muy variadas entre sí, ergo me ofrecen bastante inspiración. Del mismo modo, la música en sí me dota de la capacidad de mimetizarme con lo que estoy escribiendo y de no prestar atención a mi entorno: algo que agradezco cuando, en el trastero que tengo como despacho, no paran de entrar y salir; se escucha el trajín de los vecinos ante la delgadez de las paredes..., entre otras muchas cosas que entorpecen mi capacidad creativa.

Y hasta aquí la tercera pregunta del reto. Aunque sigo yendo con cierto atraso, respecto a los demás, espero poder ponerme al día pronto en vistas de que solo me queda una pregunta por responder y que pertenece a la de esta semana. ¡Espero que hayáis disfrutado!

¡Nos leeremos muy pronto!


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