Reto “Yo Escribo” – 8ª Pregunta

Hi, hi, Dreamer!

Antes de empezar con esta, la última pregunta del reto “Yo escribo”, quería agradecer el apoyo que he recibido desde que me inscribí en él.

Soy una persona que precisa de pequeños empujoncitos para hacer ciertas cosas y, como también tengo la manía de tomarme mi tiempo, (pues prefiero que las cosas estén bien hechas), me he dado cuenta de que este reto me ha enseñado diversos aspectos de mí misma que creí que no tenía y que, además, desmienten lo primero que he mencionado.

A lo largo de estas semanas me he topado con personas (vosotros, que me estáis leyendo ahora por ejemplo) que están al otro lado de sus pantallas: con sus vidas, sus quehaceres diario, sus preocupaciones…, pero que como yo compartís el mismo sueño que yo persigo. Así que, sin querer dar más de sí esta presentación, tan solo os deseo lo mejor y que en uno, dos… o algunos años más, podáis poneros en contacto conmigo para decirme: “Mey, yo lo he conseguido, ¿qué tal tú?” Y entonces, con una media sonrisa dibujada en los labios, pueda escribiros positivamente: “Ya saqué mi primera novela”.

Hasta entonces, os dejo con la pregunta que resta.

J. R.R. Tolkien, apodado «El padre»
El primero de todos ellos, (y al que le debo el que me tirase de cabeza a escribir), es mi figura central: J.R.R Tolkien. Sí, lo sé…, puede parecer muy tópico ponerle en el número uno de la lista; pero en mi caso considero su puesto más que merecido. 

Antes, cuando era niña, odiaba leer. No soportaba los cuentos ni los libros que nos mandaban en el colegio y, de hecho, no me interesaba la literatura ni ninguna otra rama artística. Como otros niños solo quería jugar, y el tener que quedarme en casa a leer era el peor castigo que me podía caer…, si a eso le sumamos los libros que los profesores decidían que debíamos leernos (en su mayoría historias infantiles llenas de los mismos clichés), el castigo se multiplicaba por dos. No obstante, eso no quitaba el que no escribiera por mi cuenta; sin embargo, mi hobbie no estaba bien enfocado aún.

Entonces, por mi undécimo cumpleaños, recibí “El Hobbit” y su portada me atrajo de sobremanera. ¿Por qué? Por la presencia de un dragón, dormido sobre un lecho de monedas que le iluminaban desde abajo. Dicen que no hay que juzgar a un libro por su portada; pero si no lo hubiera hecho, nunca me hubiera dado por abrirlo y sumergirme en sus páginas. Me imaginé una historia de aventuras con un protagonista miedica, un grupo de amigos en los que apoyarse y una princesa…, y salvo ésta última, acerté en todo. No obstante, no me resultó un libro pesado ni tampoco predecible pese a que en mi mente iba a caballo entre lo que estaba escrito y lo que me gustaría que hubiera ocurrido. Al terminarlo, la sensación que me dejó fue similar a la que se describe actualmente, cuando finalizas una lectura que te ha gustado: estaba diciendo adiós a un amigo, llamado Bilbo Bolson, y aunque una parte de mí estaba triste porque quería seguir leyendo sus aventuras, otra se sentía dichosa por el buen final…, y también deseosa de más.

Fue el primer libro que me impulsó a saciar mi sed de lectura: algo que ningún libro había conseguido hasta la fecha. Supongo que al estar enfocado a una mente joven, ya que Tolkien lo escribió para divertimento de sus hijos, llegó a gustarme lo suficiente como para animarme a seguir leyendo más literatura del estilo. Entonces, de seguido, cayó la trilogía “El Señor de los Anillos”, también el cuento de “Egidio, el granjero de Ham”, Las baladas de Beleriand y, finalmente “El Silmarillion”: leídos todos ellos en un marco de dos años y con un diccionario al lado, en especial para el último libro que he citado y que fue el que más me costó terminar.

Dejando a un lado el hecho de que sin “El Hobbit” no me hubiera dado por abrir ningún otro libro en toda mi adolescencia, más tarde descubrí ciertos aspectos de J.R.R Tolkien (puede que rumores sin fundamento o, por otro lado, testimonios verídicos de quienes le conocieron en vida), que me sorprendieron muchísimo. Uno de ellos fue la supuesta inseguridad que tenía él mismo acerca de todo cuanto escribía. Leí en varios artículos, tanto ingleses como españoles, que en un principio todo lo que escribía se quedaba guardado en su despacho y que solo su familia lo leía. Pero que cuando le descubrieron y se dispuso a publicar, Tolkien se apoyó en ésta, en los Inklings y en su mejor amigo, C.S. Lewis, para sacar adelante sus proyectos.
¿Y por qué menciono esto? Puede que porque, pese a la confianza que suelo mostrar de cara a lo de fuera, yo tengo mis momentos de debilidad y puedo llegar a considerarme bastante insegura, siendo esto fruto del perfeccionismo que busco a toda costa y en todo momento. Por ello, asimismo, hago exactamente lo que Tolkien…, con la diferencia de que no me amparo en mi familia para que ésta sea la única que lea mis escritos (ante el poco o nulo interés que demuestra la misma), sino que recurro a mi «Hermana de Tinta», una gran amiga y confidente de historias. Cuando me veo estancada, me da un bajón emocional e, incluso, no veo futuro para mis letras acudo a ella y me da la «patada» que necesito para salir del bache y seguir tal y como, supongo, Lewis hacía con Tolkien.

Como dato curioso, mirando de cara a lo personal, yo me decanto por Tolkien por sus minuciosas descripciones, su prosa detallista y su manera de contar una historia, que además hace evolucionar a los personajes de una manera muy profunda y que te estremece, si te paras a pensarlo un momento. Pero no fue hasta que mi «Hermana de Tinta» lo mencionó, cuando caí verdaderamente en tal detalle que, repito, está enfocado a nosotras dos:

Para que intuyáis por dónde va el asunto, os confiaré una anécdota, ¿de acuerdo?
Ella gusta más de C. S. Lewis y lo tiene como pilar principal para su creativa personal. Toma temáticas infantiles y desenfadadas (animales con la capacidad de hablar, niños o jóvenes como protagonistas…), así como también hace de los diálogos una parte importante de una novela, sin prestar especial atención a una exhaustiva descripción ni tampoco a detalles grotescos…, tal y como hace Tolkien (con sus monstruosas criaturas y sus cruentas batallas) y también, en parte, como hago yo.

Aclarado esto, os comentaré que un día, mientras dábamos un paseo, surgió el tema y (aunque esté mal decirlo, ante el triunfo que supone tal comparativa) entre bromas varias equiparó mi futuro literario con el de Tolkien y luego, al tener a Lewis en un pedestal, ella hizo lo propio consigo misma.
No sé si me vais siguiendo, o si ya a estas alturas estaréis más que escandalizados, tanto por el contenido como por la extensión que se está cobrando este artículo; pero quiero que me entendáis. Esta inocente anécdota no tiene que ser enfocada con malos ojos, pues me gusta pensar que es más bien fruto del destino el que ella prefiera a Lewis y yo sea más dada a Tolkien, tal si las estrellas se hubieran alineado para que nos conociésemos y compartiéramos nuestros momentos literarios, tal y como Tolkien y Lewis hicieron tiempo ha. Para terminar de aclarar, dicha comparación no estuvo dirigida hacia nuestro nivel creativo, (que por supuesto está muy por debajo de nuestros “Héroes Literarios” y “Ejemplos a Seguir” en el camino de la escritura), sino más bien hacia el que tengamos como meta llegar a triunfar de la misma manera, como también por el hecho de que compartamos una bien fundada y profunda amistad.

Por ello, diré que Tolkien es mi estandarte oficial como recomendación para esta última pregunta del reto: la joya de mi corona, por así decirlo; no obstante, por debajo hay otros.

El ya mencionado C.S. Lewis, no se queda atrás en calidad narrativa y creativa, pero como sus temáticas están más enfocadas en su mayoría a lo infantil (por ejemplo su conocida saga, “Las Crónicas de Narnia”, bebe de los cuentos populares), no me atrae lo suficiente porque me gusta la literatura enfocada a algo más que a expresar y defender valores a través de una historia. Me gusta lo crudo de una vida machacada, y aunque si bien es cierto que en algunos aspectos Lewis destaca, (su despliegue fantástico y con toques de diversión es admirable, por ejemplo), yo prefiero ambientaciones más “crueles”.

Y hablando de crueldad, otro título que marcó mis inicios como lectora fue la trilogía “El Elfo Oscuro”, de R.A. Salvatore y la factoría “Forgotten Realms”. Muchos aseguran que es un título horrible y con una pésima calidad narrativa; pero yo lo considero digno, como mínimo, de una oportunidad. Esta trilogía, que me introdujo al mundo de la fantasía casi a un mismo tiempo que mi experiencia Tolkiniana, describía mucha acción y opresión: los ingredientes para una buena aventura. Aún disponer como protagonista a un cliché más que masticado, fue en el amasijo de información y descripción donde yo vi el atractivo de la obra: era simple, pero a la vez complejo de imaginar, y esa dualidad era lo que te hacía estar atento. ¿Recomiendo a R.A. Salvatore? Pues sí, pero solo por el detallismo que tiene de narrar las luchas. Le pone mucho énfasis y te sientes ahí, en primera fila, dentro de la obra…

Ursula K. Le Guin
Ya habiendo hablado del territorio masculino, me paso al campo contrario pues, obviamente, tengo a mis escritoras fetiche. Lejos de irme a las clásicas, y yendo a la par que los otros tres mencionados, hablaré globalmente sobre tres escritoras:

La primera, Ursula K. Le Guin, quien me conquistó con sus Cuentos de Terramar. Antes que nada, he de reconocer que me enteré de la saga por la película dirigida por Studio Ghibli, y que luego pasé a leerme algunos de los libros. Aún no habiendo terminado con toda la crónica de Terramar, los tengo entre mis pendientes de completar. El lenguaje tan meditativo, ocurrente e incluso la forma de contarlo, como si tratara a sus lectores como a niños, me fascinó. Además, lejos de permanecer en ese ámbito, aparentemente pueril, sus libros tocan temas bastante inspiradores y filosóficos (como, por ejemplo, los secretos que envuelven al alma, al espíritu y al cuerpo), que obviamente ningún niño captaría y que solo un adulto es capaz de ver entrelíneas. A su vez, la oscuridad de todo ser humano se muestra a  lo largo de sus historias y estas distan mucho de querer un final feliz: dentro de la fantasía hay realismo, y es eso lo que me gusta ver en un libro.

Cornelia Funke
Siguiendo la línea de la anterior, he de mencionar también a Cornelia Funke, autora de la archiconocida trilogía Corazón de Tinta: única obra que dispongo de ella y la que me encantó cuando caí presa de sus páginas. El cómo de algo tan simple, como los cuentos populares, pudo sacar aspectos tan oscuros me fascinó porque, tal y como es en realidad, no todo resulta blanco o negro, sino que hay una variable de grises increíblemente larga. Sus personajes, el cómo te llegan al alma, incluso el hecho de llorar por ver como destrozan una biblioteca entera, fue del todo insólito. Cierto que había llorado muchas otras veces con otros libros; pero no hasta el punto de sentirme dentro de él…, y es lo que Funke logró con su trilogía, llena de una hermosa oscuridad entramada en una historia que te absorbe desde el comienzo.

 Y ya cerrando, me toca hacer mi pequeño homenaje a Marianne Curley, autora de la trilogía “Los guardianes del tiempo”
Trilogia "Los Guardianes del Tiempo"
Esta mujer, que se contrapone a todo cuanto me busco en una lectura, ha logrado que sus obras se abran hueco en mi corazón entre otras tantas. La simpleza de su proceder narrativo, parco en descripción, no busca sobresalir por encima de nada, pues es el avance de sus historias lo que te ofrece lo que buscas. Crea tensión, la prolonga el tiempo justo y, al momento, te entrega una resolución haciendo llevadera la lectura, y aunque peque de ciertos clichés narrativos, abusando de los estereotipos clásicos (“ese va de negro y rojo, ergo es malo”, por ejemplo), sus personajes no necesitan líneas y líneas de incertidumbre para mostrar al lector que tiene que decidir algo y no sabe qué hacer. Por ello, por hacer de lo simple un medio fácil de abordar, en contraposición a mis costumbres de querer extender y extender algo, veo en Curley una autora directa y que no disfruta de hacer sufrir a sus lectores con complejos entramados. Además, con su técnica demuestra que no todo tiene que precisar de descripciones kilométricas para hacerse entender, dejando a la imaginación del lector el resto. Supongo que lo minimalista también tiene su encanto, ¿no?



De este modo, y viendo por fin el artículo terminado llegó el final para este, mi primer reto. Y si, para quien no se haya dado cuenta todos estos escritores son, además de extranjeros, de literatura fantástica mayormente. ¿Por qué? Pues basicamente porque estoy hasta la coronilla de que "los grandes" autores de esta tierra se recreen una y otra vez en los sucesos de la Guerra Civil Española para sus obras, despreciando (muchos de ellos y los seguidores de la vieja escuela) las aptitudes creativas de la literatura fantástica. Por lo tanto, no es de extrañar que abogue por un género que, al menos en mi país, solo es bien visto por los jóvenes que tienen sus ejemplos en los escritores extranjeros.

Aún siendo un tema de bastante controversia, y sabiendo que hay escritores españoles  que tienen sus éxitos de fantasía, (véase Laura Gallego, con sus "Memorias de Idhún" por ejemplo; aunque tenía bastante de romance también) aquí en España no termina de cuajar el género Fantástico y de Ciencia Ficción por lo ya mencionado antes, y es que las novelas históricas están a la hora del día. De ahí que no haya aparecido aún un Tolkien, Lewis, Carroll ni Martin españoles...

Pero mejor dejo tal escabroso tema a un lado (que de seguro levantará asperezas), y vuelvo al asunto del reto. Éste, que aún no haber sido completado a tiempo, sí ha cumplido con su propósito principal: divertirme. Pero no solo eso, sino que además he conocido a algunos autores nóveles y también me he conocido un poco mejor a mí misma dándome esa confianza que, espero, algún día pueda mantener conmigo en los momentos de debilidad emocional.

Con todo ello cierro, muy satisfactoriamente, el reto de Eleazar Writes (¡muchas gracias por realizarlo!) para continuar luchando por lo que quiero con fuerzas renovadas; aunque no sin antes desearos lo mismo a vosotros los lectores que, como yo, ambicionan el deseo de pasar de un proyecto de escritor a serlo, con todas las palabras.  

¡Un beso y suerte a todos!


¡Y los que continuáis por aquí,
nos vemos en el siguiente artículo!


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