Society News #3



Anteriormente…

Con un débil cabeceo, Hank le indicó que salieran a la calle, más consciente de las miradas que estaban puestas sobre ellos que su compañera. Casi obligándola a ceder con su gesto, así como a relajar el tono que estaba empleando en su especulación, realizó una mueca casi por el compromiso.
No quería ser grosero, ni mucho menos un capullo presuntuoso que se aprovechaba de su puesto, por encima del grado de agente que ella ostentaba, para hacer gala de su influencia. En cierto modo le incomodó el ascenso que recibió hacía unos meses pues, a su buen juicio, las calles eran su verdadero territorio..., no un cochino despacho lleno de papeles. Por todo ello, volvió a cabecear con aire despreocupado para ir marchando al exterior del local: ser el centro de las miradas, pronunciarse delante de oídos civiles…, aquello no iba con él y si podía ahorrarse una escena del estilo, mejor. Echaba en falta esos días en los que él era el novato.

Otorgándole tiempo y espacio, para que la mujer recogiera sus pertenencias, fue delante y abrió, deteniéndose en el marco de la puerta para sujetarla con la diestra, a la espera de que ella tomara la decisión de seguirle. Stella, que no lo dudó un solo instante, una vez recuperó el casco, su chaqueta y se colgó la mochila a la espalda, le siguió ipso facto con una renovada y endurecida expresión.

Cuando pisó el asfalto de la despejada acera californiana, se deslizó por la puerta hacia fuera dispuesto a seguirla; sin embargo, antes se permitió inclinar la cabeza en dirección al interior del lugar, tanto en señal de respeto como de muda disculpa hacia los parroquianos del Molly’s Restaurant. Sabía que eso no arreglaría posibles indigestiones ante la discusión que aquellas personas presenciaron; pero la descortesía no estaba entre sus opciones y, al fin y al cabo, que un superior del FBI luciera semejante entereza realzaba el perfil que el pueblo tenía de dicha organización… o, al menos, eso era lo que pensaba él en su aún inocente visión del Departamento de Justicia.

Estando en Nueva York, Hank ni se llegó a imaginar que su antigua compañera reaccionaría de semejante modo tras la larga suspensión a la que se enfrentó y, ni mucho menos, que siguiera tan fina en sus deducciones. Era como si su cerebro no se hubiera desconectado en momento alguno. No obstante, no podía olvidar lo básico, y era que pasar de niños a adultos a su lado cobraba bastante significado para ambos: siempre habían sido un libro abierto el uno para el otro.
- No sé porqué te han dado la patada y enviado aquí, pero si sabes alg…
- Oye, la agencia no sabe nada. – Le espetó él, siguiéndole el paso hasta que se plantó ante ella, cara a cara, en un callejón oscurecido y que desprendía un fuerte olor a orina…, entre otros. – Debería estar en la otra punta del país, justo ahora; pero decidí venir antes.

Stella era buena en lo que hacía, pero la pasión y el ímpetu que demostró tener en el pasado le costaron su puesto y algo mucho más importante. Según el informe, se había implicado demasiado en el caso y al ser familiar de la víctima no obraba con conocimiento de causa…, sino por pura venganza. Dejarse llevar por los sentimientos no era propio de un agente del FBI, y mucho menos si además venía recomendado de los Marines, como fue su caso. Una ironía del destino, teniendo en cuenta que él mismo fue quien empezó a hablar de ella a sus superiores, por aquel entonces.

No obstante, ¿acaso no había seguido su ejemplo? ¿No fue una deuda personal lo que le impulsó a tomar un vuelo diferente, atravesar todo el país, y estar allí ante ella? Era consciente de que cuando la oficina federal se enterara le exigirían algo más que una explicación; sin embargo, esperaba que para entonces ya todo hubiera terminado. 
- Lo han visto en Carolina del Norte. – La ilusión que se reflejó en los azulados ojos de la mujer fue, al momento, respaldada por un enfado contenido que sus puños tuvieron a bien mostrar al cerrarse lenta y mesuradamente. – Un joven músico, le vio: entre otras cosas, el chico asegura que le abordó de mala manera.
- ¿Y cómo te fías de su testimonio? ¿Estás seguro de que es nuestro hombre? – Sus interrogantes le sonsacaron una sonrisa al fornido y enchaquetado hombretón.
- El mundo es un pañuelo, Stella…: el chico es su sobrino. – Ante semejante dato, la mujer contuvo el aliento imaginándose toda una baraja de opciones a su disposición, más antes de empezar a exponer sus teorías, Hank se adelantó. – ¡Eh! No te hagas ilusiones con coger e interrogar a ese chaval, ¿de acuerdo? Está más que limpio y no quiere tener nada que ver con los problemas de su tío. De hecho, él mismo llamó personalmente a la sucursal para denunciar su posición que, mira tú por dónde, está próxima al hogar de mi hermana Chloe.

Nuevamente su rostro se contrajo en una mueca que quiso ocultar, ladeando la cara. Como era de esperar, la agencia no tenía ni idea de aquel detalle porque, entonces, no le habrían asignado a él semejante investigación; pero para Hank la proximidad de su familia con aquel sujeto, un proxeneta y narcotraficante entre otros oficios varios, le ponían muy nervioso… y con razón. Tras el infortunio que sacudió la vida de la hermana menor de Stella, como para no sentirse frenético: en especial cuando el causante de ese mal estaba en el mismo estado de donde vivía parte de su familia. Su propia hermana, su cuñado… ¡incluso su joven sobrina! De solo pensar en que podía ocurrirle algo a esta última, le hervía la sangre. Asegurarse de su protección personalmente, rastreando al canalla que catapultó a su compañera a las puertas de la desazón, era lo menos que podía hacer…; pero si la propia Stella era quien estaba a su lado en el momento de la verdad, entonces el precio de su victoria sería aún mayor. Sin embargo, no de cara a sus superiores, sino de frente a lo personal: se lo debía tanto a Stella, allí presente, como a la joven Olivia, la hermana de está… ya fallecida.

Sus miradas se encontraron, tal si uno esperase del otro lo mismo que el primero buscaba. Entonces, presa de la melancolía y como si hubiera leído entre las líneas de la información ofrecida, la morena eclipsó los ojos con su mano libre. Negándole a su antiguo compañero la visión de tener que presenciar un mar de lágrimas, ella meneó la cabeza y contuvo un aspaviento en su pecho:
- ¿Vas a… llevarme contigo pues…?

El silencio se estableció entre ambos alargando la respuesta que, como el aire, les acompañaba en todo momento, demostrando una evidencia cada vez mayor, pero de forma que nadie reparaba especialmente en ella. Entonces, tomándola de sendas manos, él la obligó a encararle. Contemplando sus ojos, cristalinos por las lágrimas contenidas y las que ya habían rodado por sus mejillas, afianzó en su rostro una sonrisa que buscaba quitarle hierro al asunto:
- No permitiré que nadie, salvo tú, se cobre el precio que ostenta su jodida cabeza, Stella. – Expuso Hank, demostrando una franqueza que se equipara a la de un sobrio legionario de la antigua Roma.
- ¿Y qué les digo a los que son ahora mis superiores? – Volvió a preguntar ella, con algo más de convicción en la voz, casi esperándose la respuesta que disiparía tal cuestión.
- Tú déjame ese baile a mí. – Esgrimió entonces, de forma sosegada, a un mismo tiempo que pasaba uno de sus brazos por encima de los hombros contrarios, invitando a andar a su acompañante. - Tan solo haz las maletas: nos vamos de viaje a Carolina del Norte.

Hank apostaba que el romper las normas les sentaría bien, en especial tras esos meses de intenso trabajo en los que no hacía más que agachar la cabeza y escuchar; pero lejos de imaginarse las consecuencias que tendrían aquellos, sus actos, tan solo esperaba que entre ambos dieran con O’Connell de una vez por todas, en especial antes de que el rastro volviera a enfriarse. En vistas de que no iba a permitir que aquel asunto se archivase en los casos sin liquidar, él tenía bien clara una cosa: el soplo ofrecido por aquel muchacho, el sobrino del apodado “Víper”, podía considerarlo como una especie de milagro tras tantas desgracias sufridas.

Por su parte, durante el vuelo, Stella solo tenía en mente que de una vez por todas se haría justicia. En su fuero interno ella le estaba agradecida a Hank por todas las molestias que se había tomado: llegar allí, desobedeciendo órdenes, arriesgarse para encauzarla a avivar nuevamente las llamas de aquella venganza, traída desde el pasado…, un agradecimiento que tardaría en disiparse, sin lugar a dudas. Sin embargo, al contrario que Hank, Stella ya había sobrepasado sus límites al vivir el fallecimiento de su hermana: O’Connell la engañó, utilizó y violó. ¿Cómo iba a conformarse con el simple hecho de verle entre rejas? No: incluso una cadena perpetua era una condena demasiado indulgente para alguien que se hacía llamada “Víbora”.

Diablera© DeviantArt
Sabía que el final feliz y justo que Hank tenía en mente distaba bastante del que ella quería para honrar la memoria de Olivia. Ahora que se detenía a pensarlo fríamente, siempre fue algo egoísta cuando se trataba del ámbito personal; pero en lugar de serle del todo franca, tal y como lo fue en el pasado, Stella se limitó a sonreír afablemente y con seguridad, riéndole las bromas y haciendo ver a Hank la imagen que él esperaba de su antigua compañera. No obstante, las cosas habían cambiado demasiado y esa Stella Leonardi, la que él conoció, ya había quedado enterrada junto al cuerpo de su pobre hermana menor.

Pese a que en la venganza encontraba un malsano regusto de conformidad, no sería hasta que tuviera frente a sí a Seth O’Connell cuando ella, encarnando a una nueva y oscurecida Iustitia, dictaminaría el Destino de aquel capullo misógino y perturbado. Entonces el atribuirse semejante poder de decisión no solo la abrumó, sino que marcó un antes y un después en su propia psique:
- Cuando todo este asunto termine, tú y yo nos tomaremos unas largas vacaciones… y luego volveremos al Hogar. – Le escuchó decir, justo cuando el capitán informó sobre la llegada al aeropuerto de Raleigh.

Sin embargo, para ella no había un camino de regreso a casa y segura estaba de ello. Aquel que se tomó a bien corromper lo que ella más amaba y huyó, creyéndose liberado de pagar por todo el daño causado, se vería tragando su propia medicina... y aunque ello le costase la propia vida, Stella juró silenciosamente que así se haría.





|| Hi, hi! Pues ya está aquí, el último fragmento del microrrelato «Society News». He de recordaros que esta serie que creé hace unos meses está protagonizada por uno de mis personajes originales, Stella Leonardi.

He tardado en estrenar este fragmento; pero por fin se ha hecho y, aunque ha quedado más largo que los otros dos anteriores, el resultado ha sido satisfactorio. Pese a no especificar gran cosa en ciertos aspectos, para dar pie a cierto misterio, creo que he facilitado lo suficiente como para que vislumbréis la situación de los dos personajes y os hagáis una idea más o menos global.

Por último, aunque no creo que en un futuro cercano vaya a volver a sacar relatos por entregas/capítulos, (en vistas de que tengo que darle caña a otros asuntos,) espero que hayáis disfrutado de la lectura. Recordad que los fragmentos están disponibles en Historias Cortas y, si os quedáis con ganas de leer más, también podréis encontrar cuentecitos independientes en la sección de Relatos. || 
 ¡Un saludito!

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