Bleu et Rouge


Ella se mantuvo mirando hacia arriba, incluso pasada la madrugada. Los nervios le revolvían el estómago, sintiendo unas agudas punzadas aquí y allá que la hacían moverse a un lado y otro de la cama. Intentando conciliar el sueño durante las horas venideras,  ni siquiera logró calmar ese impulso cuando decidió levantarse para ir a beber agua: fue una noche horrible, en resumidas cuentas.

Se había pasado más de un mes escuchándola hablar sobre ese día y aunque tuvo la opción de cerrarle la boca, no lo hizo. Scarlet era su mejor amiga desde hacía casi siete años, pero no fue esa excusa la que se impuso para detener algún que otro manotazo indiscreto contra el brazo de su compañera. No. En cierto modo se sentía especial ante el trato que ésta le daba…, ante la importancia con la que Scarlet dotaba a aquel día: un día que como todos los años se repetía y que, para Sapphire, no tenía nada de particular.



Pero ahí estaba, con aquella ansiedad que entorpecía cada uno de sus movimientos: ya había rotos dos platos y casi llegó a destrozar un tercero. Pero cuando por fin se vio en la calle, cerrada la puerta a sus espaldas, decidió que aquello no le afectaría más. ¡Cuán equivocada estaba! Mientras subía aquella empinada cuesta, bajo la atenta mirada del campanario, sus manos temblaban dentro de sus bolsillos... y es que el haberse mantenido en vilo durante tanto tiempo la estaba matando por dentro: odiaba las sorpresas, odiaba los imprevistos…, pero sobretodo odiaba intuir y no saber con certeza lo que iba a ocurrir.

Consciente de ello, tras una media hora Scarlet terminó cediendo y fue rebajando la tensión de su acompañante, tanto de su mente como de su cuerpo: una taza de leche caliente con cacao arregló ese asunto. Sintiéndola como un animal arrinconado aún, sabía que su amiga estaba frenética por aquel día y pese a que en esas últimas semanas le fue ofreciendo parte de aquel primer regalo, cuando por fin Sapphire terminó con él, sonrió satisfecha y visualmente complacida.

Completado el juego de encontrar el segundo presente y el relajado plan de aquella ociosa tarde, en perspectiva lo que realmente la conmovió fue esa historia, escrita solo y únicamente para ella. Scarlet le había ofrecido un cuento propio: uno en el que la emocionada lectora se adentraba en su trama en calidad de heroína, vestida con capa y espada, para batallar contra unas fuerzas oscuras que se atrevieron a sacudir un reino que ambas conocían bien. Sin embargo, lo que le gustó no fue el cómo estuvo redactado, ni los personajes que combatían a su lado, ni tampoco el cómo su "Hermana de Tinta" hizo alusión a sus comentarios y maneras de hablar, tan típicamente suyas. No. Lo que realmente hizo de aquel el mejor regalo de su cumpleaños, fue el aliento con el que inspiró ese último mensaje: 


"Sigue escribiendo. Sigue Creando"

Scarlet escribió dicha historia no solo para dotar de alas al entusiasmo creativo de Sapphire, sino también para reafirmar el abanderado, firme y único propósito de que ésta continuara hacia adelante. Ella era consciente de la flaqueza de Sapphire, de sus desesperados gritos que buscaban ser escuchados y de sus sueños de grandeza, aún por alcanzar. Ella sabía que, tal y como ella misma fue, Sapphire se sentía sola y en desventaja con los que la rodeaban…, pero nada de todo aquello era verdad.

Los fantasmas de Sapphire la atormentaban en todo momento, bloqueando el flujo de la magia que iba de su cabeza a sus temblorosos dedos..., los responsables de hacer florecer aquellos virtuosos brotes de creativa innata. Pese a que Scarlet también tenía sus propios espectros, mediante aquel encantador y pueril escrito que le dedicó aquella tarde supo ver la verdad, tanto de sí misma como de su "Hermana de Tinta". Desde el principio Scarlet estuvo allí, en la oscuridad que la propia Sapphire había creado a su alrededor para alejar a otros, y fue mediante la fe que la primera depositó en su labor lo que la salvó de ser engullida por sus propios miedos. Una fe que la propia Sapphire ya se encargó de realzar, aún cuando no se atrevía a expresarlo verbalmente.

Aunque necesitó una noche y media mañana para darse cuenta de su labor, Sapphire lo captó: era espabilada para esa clase de esfuerzos. Su amiga creía en ella, incluso cuando ni la propia Sapphire tenía las fuerzas necesarias para respaldar sus argumentos…, y no solo eso, sino que además también creía en su obra y propósito. Cuando el resto no dotaba de importancia a sus letras, estaba ahí; cuando infravaloraban sus ideas, estaba ahí; cuando los demás tan solo veían proyectos a medio acabar, estaba ahí… lejos de querer cambiarla, Scarlet era una de las pocas personas que luchaba a su lado: un refuerzo, una hermandad, una unidad.

Por todo ello, Sapphire finalmente se decidió a tomar papel y algo para escribir. Al fin y al cabo, de algún modo tenía que agradecerle el que le inspirara fuerzas para seguir luchando por sus sueños..., y así empezó.

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