Looking for Freedom #1


Me levantaba al ver salir a unos de los curanderos, para al momento, volverme a sentar en el poyete, al pie de la estatua, al ver que no decían nada y volvían a entrar tras hacerse con muchas más mantas y sábanas, sacando algunas que chorreaban sangre abundantemente. 

Con el surco y las gotas de la misma en el suelo, la angustia crecía más en mi fuero interno, en tanto el murmullo de las voces al otro lado de la sala se hacía cada vez más evidente. Le quedaban contadas horas, como mucho; pero aún con la tremebunda realidad a la vuelta de la esquina, me afanaba en rezar, casi como si inocentemente creyera alguna  divinidad piadosa pudiera salvarle.

Incorporándome de nuevo vi salir a la arpía, vestida de luto y con ojos llorosos, y en ese instante sentí algo parecido a la lástima y al pesar. Toda la fuerza que solía destilar en malos modos se había esfumado, pareciendo más humana de lo que yo la había visto comportarse conmigo, desde que llegué a aquella casa. Sobrecogida por la inminente pérdida, de nuevo aquella mirada furibunda se cernió sobre mí, deteniéndose junto a sus damas de compañía y los curanderos que ya nada más podían hacer. Ella apretó el pañuelo que sostenía en su diestra, y en sus ojos vi reflejada esa maraña de sentimientos contrariados:

- Te ha mandado llamar…: haz que sus últimos momentos sean de calma, sino me ocuparé de encerrarte de por vida. - Frunciendo el ceño, estuve a punto de devolverle la pulla para que se tragara ese escupitajo venenoso de sus palabras; no obstante, él me esperaba y decidí, tan solo, devolverle la misma mirada con dureza.

En el interior había un extraño olor que no supe identificar y, aunque me sentí egoísta, tenía que reconocer que me asustaba el hecho de que esa podredumbre que se había extendido desde el brazo hasta su torso y la parte izquierda de su rostro fuera contagiosa. A pesar del aroma del incienso, a medida que me acercaba más, el molesto olor de pudrición me eclipsaba la nariz, más no demostré más flaqueza de la que ya mis piernas exponían. Los movimientos temblorosos de las velas parecían marcan mi paso dubitativo:

«¿Me acerco más… o he de guardar las distancias?»

- No tengas miedo, muchacho. - Su voz quebrada me sobresaltó, al tiempo que en el contraluz de las velas veía alzarse desde el lecho su mano diestra, vendada.- Esta maldición sólo me la he ganado yo…

Tragando saliva, me adentré al fondo de la sala, donde el olor a muerte era mucho más intenso; pero desde donde la lluvia del exterior se escuchaba mejor. Cuando estuve junto al lecho, me percaté de que al otro lado de las gruesas cortinas, que eclipsaban toda vista desde el ventanal, éste se mantenía levemente entreabierto, propinando algo de frescor a la habitación una fina brisa nocturna y helada.


- Padre… – Murmuré, deslizando la mirada a él para comprobar cómo sus ojos hacían lo propio, rodeada su faz por vendas y más vendas con rastros de pus, sangre y costras.
- Has crecido mucho; pero no me he querido percatar de ello hasta ahora, que es muy tarde para remediar nada. - Tosió ruidosamente, ladeando la cabeza para entonces suspirar, y devolverla a mí. - En esta tremulosa luz de las velas me recuerdas mucho a él…- Contuve el aliento y extrañé la mirada. - A tu padre.
- No os entiendo: vos sois…
- Un estúpido al haber creído que tendría el tiempo suficiente como para planearlo mejor, la verdad. – Me encontraba confuso y fuera de lugar; no obstante no precisé de más detalles para ir encajando las piezas del aquel complejo puzle. – Él vive aún, ¿sabes?

Dadas las circunstancias, no deseaba hablar del asunto en aquellos momentos, considerándolo un sobresfuerzo inconveniente y contrario a lo que la arpía quería, sin contar con que el hecho de que hubiera preferido mantenerme en la ignorancia: la bendita ignorancia. Aunque no sabía los detalles de mi pasado, quedando algunos retazos difusos en mi mente, sí que era consciente de mi adopción por parte de Lord Lucius, restando lo demás sumergido en una opaca maraña de oscuridad y dolor. 


- Ojalá él se encontrara en vuestro lugar, y vos estuvierais sano para continuar ejerciendo el papel que él se negó a tomar al abandonarme… – Argumenté, clavando una rodilla en el suelo para colocar sendas manos en el borde del lecho. – Ojalá no compartiera su sangre y sí la vuestra.

Hablaba sin fundamento. Lo desconocía todo sobre mí y el que me aferrase a lo único que había tenido para ser feliz era algo natural. La sola idea de que estuviera a punto de marcharse y de quedar solo, ante la incertidumbre, me aterraba. 
- ¿Y quién dice que no la compartas…? – Su pregunta me desconcertó y provocó el que perdiera el hilo de mis pensamientos, alzando la mirada hacia la suya, interrogante y deseoso de una explicación más detallada. – Yo he de reconocer que, aún en este estado, no desearía ser nadie más que yo mismo, en estos momentos… - Argumentó, con algo más de dificultad, para arrancarme una expresión de completa duda.-... pues de no ser así, jamás habría podido disfrutar de tener un sobrino, y criarlo como a un hijo propio.

Abriendo los ojos, la densa niebla que quedaba en torno a mi vida comenzó a disiparse. Las partidas de caza, las carreras a caballo, el amaestrar a todos esos perros que nos seguían de un lado a otro y que ahora estaban confinados en la perrera de aquel caserón…: pensar que nada de eso volvería a ser lo de siempre, que no volvería a tenerlo conmigo, me oprimía el pecho. Pero sobretodo, me dolía el haber desconocido que ambos, verdaderamente, éramos familia de hecho.

- Sé que con este secreto te debería contar la historia, toda la historia; sin embargo… deseaba esperar una vez tomaras nupcias y formaras parte oficial de la guardia de la ciudad: aguardar a que fueras un Hombre.- Bajé la mirada a la suya, comprobando como señalaba las cortinas y me pedía mudamente que las apartara para que pudiera contemplar la lluvia.- Pero, los sabios no aseguran por nada que cuando un hijo presencia la muerte de un padre…, el primero es consciente de su propia mortalidad. 

Con paciencia, eché a un lado las gruesas telas para entonces dejar la hermosa y melancólica vista del jardín exterior, bañado por la penumbra y la lluvia para conformar un motivo paisajístico clave, protagonista de un elaborado cuadro en movimiento.
- ¿Qué debo saber de ese pávido que ya no sepa, padre? – Pregunté volviéndome hacia él para sentarme a su lado, sin importarme ya la enfermedad, el hedor que desprendían sus vendajes o la posibilidad del contagio.

- Él y tú… … vuestro parentesco va más allá del físico: él también quería…. forjarse su propio... – Su respiración entrecortada le imposibilitaba el hablar, y estuve a punto de retirarme para llamar a los sanadores; no obstante, aprovechó las pocas fuerzas que tenía para retenerme a su lado, tomándome el extremo del capote.  -  Quería… forjarse su camino, sin tener que rendir cuentas a nada…. - La ruidosa tos interrumpía sus argumentos a cada momento, hasta que terminó aflojando su agarre para hacerme testigo de sus últimos estertores.- El Sur… … …  búscale en… El Sur.

Me quedé petrificado. Jamás había visto morir a nadie y aunque debía tenerlo como algo natural, el que se tratara de la única persona a la que guardaba un verdadero respeto me hizo mantenerme allí, durante largos momentos, como si tuviera el compromiso de quedar vigilante de que nadie perturbara el sueño eterno de su cuerpo. Desconocía cuánto tiempo pasé allí, con la vista clavada en esos ojos vacíos, en esa carcasa maltrecha, en tanto todo lo que me había dicho resonaba en las cavidades de mi mente.

Al poco, reaccioné cuando un relámpago restalló en el cielo, iluminando desde fuera el interior de la sala, a través de las ventanas libres de cortinas. Alzando la vista, paulatinamente, al retrato familiar que quedaba en el cabecero del amplio lecho, por primera vez en toda mi vida desde que tenía uso de razón, pude sentir un indudable pavor. ¿Dónde quedaba toda la fuerza y dureza que Lord Lucius demostró esgrimir en el cuadro? ¿Y ahora qué vendría? ¿Cómo tenía que actuar? ¿A qué tenía que hacer frente solo, sin la ayuda y el apoyo del que fue padre, maestro y benefactor? Sentía que en aquella enorme mansión, plagada de curanderos, damas de compañía, guardias privados y sirvientes, no encontraría mis respuestas…, ni tan solo un ápice de alivio para la tumultuosa oleada de sensaciones dispares que convulsionaban mi mente, llevándola de un extremo a otro… y por ello corrí.

Aquel secreto que escapó libre de sus labios, se internó y apoderó de mí al tiempo que abandoné la habitación, y presa del pánico empujé a todo aquel que se me puso por delante. Tenía como meta seguir corriendo hacia el exterior, y una vez en él, bañado por la lluvia purificadora, me marqué un segundo punto de referencia: alejarme de allí. Las discretas lágrimas que corrían por mi cara, entremezcladas con la lluvia, me hicieron apremiar el paso. De la tristeza pasaba a la ira, de la ira al odio…, y toda esa maraña de sensaciones me oprimía el pecho, sin saber cómo detenerla, cómo luchar contra mí mismo, cómo luchar contra el mundo que se abría ante mí con aquella revelación. Más solo corría, sintiéndome libre, teniendo la impresión de que aquello sería efímero… y que tan pronto como lo sentía, se esfumaría o me sería arrebatado.

¿Qué habría sido de mí de no saberlo? ¿Qué sería de mí, ahora que sí era consciente de todo? Con aquel secreto, era dueño de su silencio; pero a un mismo tiempo, esclavo de las palabras.
Y a todo esto mis pasos continuaron acelerados, empapándose por entero a cada zancada, hasta que me detuvo ante una puerta teñida de azul, en el Distrito del Muelle. Golpeándola insistentemente, al menos hasta que me limité a dejar caer la cabeza y las palmas sobre ella, sentí el temporal calmarse a mi espalda en tanto el amanecer se alzaba de nuevo, imperturbable, a la espera de que el tabernero estuviera por la labor de abrirme la entrada a su casa en tan intempestivas horas. Pasado un tiempo, cuando lo hizo, sobrecogido y armado con un alfanje por el alboroto que ocasioné, al verme relajó su temperamento.

Aún a día de hoy desconozco si fue consciente de las malas noticias que traía conmigo, ya fuera por mi desaliñado aspecto o por el silencio de las disimuladas lágrimas de mi rostro. Pero siendo así o no, por sí solo logró llegar a la conclusión de la inevitable muerte de Lord Lucius, su buen amigo de juventud.
- Entra, chico. Quédate el tiempo que quieras...

|| Hi, hi! Aunque sé que dije que en un tiempo no iba a subir nada a Historias Cortas, al releer uno de mis antiguos relatos me ha dado la vena creativa y me he puesto a corregirlo y a escribir su continuación…, al menos, hasta cierto punto.

Para más información os comento que la serie no será tan corta como las dos anteriores; pero iré subiéndola a lo largo del mes de abril. Como siempre la acción estará dividida en episodios, tal si fuera una serie televisiva, y en ellos pretenderé contar el desarrollo de una pequeña aventura que el personaje original irá llevando a cabo, hasta su finalización.
 
Ya habiendo participado en varios concursos con estos relatos, espero que disfrutéis de la lectura tanto como yo lo he hecho con su creación. ||

6 comentarios:

  1. Me fuiste atrapando poco a poco en el relato y creo que si puede dar mucho. Felicidades y por cierto muy bonita forma de ilustrar

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    1. Hi, hi! Esperemos que sí, que dé para algunos episodios más.
      ¡Gracias por comentar!

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  2. Estaba haciendo un trabajo y, cuando ya necesitaba un descanso, me pasé por aquí. Así que cuan grata fue mi sopresa cuando encontré que habías subido un relato: Me ha encantado, estoy deseando seguir leyendo el resto. Me vas a tener todo el mes de Abril en vilo, solo deseando leer tú maravillosa historia. Muchas gracias por este regalo.

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    1. Hi, hi, pesiusa! >_<

      ¡De algún modo tenía que cobrarme todo lo que me estás haciendo pasar por estas fechas! ¿O qué te creías, que ibas a quedar impune? Aunque tú ya conoces esta historia de primera mano, espero que disfrutes de la lectura tanto como yo estoy disfrutando de las tuyas.

      ¡Muchas gracias por comentar, peque!

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  3. ¡wii! ¡Me ha encantado! Transmites muchísimo, pero que muchísimo. Si bien creo que, aunque estamos en el principio, me he quedado con las ganas de quedarme con más intriga, paradójico, ¿no? El caso es que me seguiré pasando por aquí para seguir a este intrépido personaje. Tan pronto como disponga de un ratito me pongo con el siguiente. ^^

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    1. Hi, hi! ¡Me alegro de que te haya gustado! Pese a que es algo larguito, esta saga de relatos no es más que una muestra de un mundo mucho más amplio y que aún estoy desarrollando; pero poco a poco se irá logrando.

      ¡Espero que disfrutes de los siguientes! ¡Gracias por comentar! ^_^

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