Looking for Freedom #2


Anteriormente...


Desde lo ocurrido me había mantenido el mayor tiempo posible fuera de la acomodada mansión Harifell, incluso de sus cercanías, tan solo para prevenir encuentros desagradables con esa mujer y también para tomarme mi tiempo y asimilar mis opciones. Coke ya me había ofrecido numerosas vías para alejarme de allí, incluso podía tomarme la libertad de incluir a Hole para llegar juntos hasta un destino, aún incierto; pero no eran más que posibilidades a tener en cuenta.

Arribando a altas horas de la noche, a lomos del maduro corcel de mi difunto padre, lo dejé a buen recaudo en el establo y eché un vistazo a la perrera cercana. No por nada pensé en pasar a dormir con los canes de caza, sin importarme demasiado lo inconfortable de un despertar allí; pero viendo que aún había luz en la mansión, y sabiendo lo que eso significaba, me decidí a hacer de tripas corazón y desechar el no dar la cara en aquella situación.

Decantándome por cargar con las consecuencias, me llevé conmigo al fiel Rufus y entré por la puerta principal, seguido por el gran e imponente can. Al deshacerme de la capa y colgarla, me sorprendió no encontrar a alguien del servicio en la entrada, más al dar un par de pasos para encaminarme a las escaleras, el semiorco maestro de llaves me recibió. Bien peripuesto, a pesar de las horas tan tardías, me indicó que fuera al salón-comedor a la de: "La señora Harifell desea verle":


- Que buena manera de decirlo, Khomr. – Especulé, desviando la trayectoria de mis pasos para bajar el escalón que ascendí. – Debes de haber arreglado mucho esa orden para que no me sienta ofendido…

Y la expresión circunstancial del varón fue la confirmación que obtuve. Esa bruja me odiaba, y yo a ella por igual: era un sentimiento mutuo y todo el servicio estaba lo suficientemente al corriente como para no meterse en esta guerra personal, que ella y yo manteníamos. Y una vez en la amplia sala, adornada con cabezas de venado y manteniéndose el ambiente cálido por la hoguera de la chimenea, el perfil afilado de la mujer se alzó de su horondo asiento. Percatándome de que había cambiado sus oscuras vestimentas de luto por unas de aspecto mucho más claro, al contrario que las mías, su semblante severo me escrutó una vez me hallé solo, a pocos pasos de ella.

- ¿Me habéis hecho lla…?
- Sí, por supuesto. – Respondió ella, sin darme opción a terminar mi teatral interrogante, tal si estuviera deseando que estallara esa chispa para no perder tiempo y comenzar la titánica lucha de egos, llevando como estandarte los gritos y la más pura irritación. - ¿Creéis que estas son horas de llegar? He podido terminar la redacción de todas las cartas comerciales, enviarlas y además, tener tiempo sobrado para concluir la lectura de la epopeya lírica de Sir Ribhas de Litharil.
- Que prodigio… - comenté, escuchando como Rufus rasgaba la puerta a mis espaldas, desde el otro lado, y como Khomr procuraba controlarlo.Pero seguro que no me habéis hecho llamar para eso: al fin y al cabo, ya sabéis que suelo volver a horas tardías.
- Se acabó, Varick. – Le lancé una mirada llena de escepticismo, a la espera de que se explicara; no obstante, una punzada en mi espalda me indicó que no sería grato escuchar lo siguiente. – Ya has disfrutado de tu bagaje y soltería por muchos años…, y es hora de sentar la cabeza.

No pude sino sonreír ante sus palabras. ¿Acaso las cinco candidatas que padre me presentó a lo largo de los últimos tres años no fueron suficientes? Todas ellas de buena familia, de belleza exuberante y de modales cortesanos…; pero ninguna especialmente destacable para mí. La bruja perdía el tiempo; pero le seguí el juego:
- Claro, ¿entonces cuando la conoceré para dar mi opinión?
- Eso no será preciso. – Un nudo en mi garganta me impidió tragar, borrándose todo rastro de aquella sonrisa pícara. – Ya está todo acordado.
- ¿Qué…? ¿Es que yo no tengo nada que decir a todo eso?
- Realmente no: ya habéis desestimado a demasiadas muchachas casaderas. – Especificó ella, sacando un pergamino para abrirlo y mostrármelo, acercándome entonces para tomarlo con una mano de manera rápida y ofuscada, leyendo el contenido. – Legalmente ya estáis comprometido con Lady Lenea Bellegard. Dentro de tres meses se dará la unión formal y podréis dar la debida descendencia a esta familia…

Tragué pesadamente: Bellegard… ¿Bellegard? ¿¡Por qué demonios escogió, precisamente, esa familia!? ¿Acaso sabía lo de Hole y yo? Frunciendo los labios me limité a arrugar el pergamino y arrojarlo al fuego, visiblemente enfadado: era una copia, lo sabía y no tenía necesidad de escuchar eso mismo de boca de aquella arpía, más no me rendiría en absoluto.

- No me casaré con ella. – Advertí, viendo como se encaminaba al escritorio del fondo y tomaba un pequeño marco, enseñándome a mi futura esposa.
- Es agraciada, tiene buen porte y unos modales exquisitos.
- Y una fortuna que os salvará el culo para que sigáis portando esas alhajas que lleváis y no podéis siquiera pagar, ¿no? – Y así fui yo el primero en lanzar el golpe que desencadenaría su furia.
- No te tolero que me hables así, niño malcriado: te recuerdo que tu padre ya no está aquí para respaldarte en tus caprichos.
- ¡Él se hubiera negado a esto!
- No voy a permitir que las demás familias hablen de tus trapicheos y obscenidades, ensuciando el nombre de esta casa que tanto nos ha costado mantener tras el declive y la guerra…
- La gente siempre habla y siempre hablará, en vuestra mano está prestaros a escuchar o no.
- Tan solo quiero lo mejor para ti: ya es hora de que empieces a hacer algo de provecho y un matrimonio siempre es un paso bien acertado a la hora de labrarse influencias entre los gentilhombres. – Se paseó a un lado, legándome el retrato enmarcado de la muchacha que tan bien conocía: ¡maldita sea, era hermana de Hole! Hacía escasas horas que me había pillado saliendo de su habitación. - Me lo agradecerás cuando seas padre de familia.

Me giré, siguiéndola con la mirada para hacer lo propio con los pies, arrojando el retrato que me tendió al suelo y restallando el cristal que cubría la imagen contra el mismo.
- ¡Pues yo creo que queréis lo mejor para vos! – Repuse, iracundo y a punto de traspasar mi límite y paladeaba mis siguientes palabras. – No me casaré, con ella ni con ninguna mujer que traigáis d…

La cachetada que me propinó hizo que me tambaleara a un lado, trastabillando un paso al tiempo que me llevaba la diestra al lugar del impacto.
- Ya estás crecido para esta clase de escenitas…: harás lo que se te ordene porque es lo que se espera de ti. – Masculló, escuchando como sus pasos se dirigían hacia la doble puerta, buscando el retirarse. – Y para asegurarme de que cumplirás con tu parte, me he preocupado en buscarte dos de los mejores guardaespaldas…, por si se te ocurre alguna de tus descabelladas ideas.

Dos pares de pasos más, pesados, saludaron a aquella bruja antes de adentrarse y colocarse a ambos lados de mi figura congelada por la situación. Aquello no podía estar sucediendo:
- ¿Dos carceleros?
- Llámalos como se te antoje, Varick; pero cumplirás…, ya lo creo que cumplirás.


A cada paso que la mujer se alejaba, el calor de un infierno en vida se desataba en mi interior, teniendo como fuente el lugar del impacto en mi mejilla. Deseé quemarlo todo, arrojar a las llamas de aquella hoguera lo que hubiera a mi alrededor: chillar, arrasar con todo, e incluso luchar contra aquellos dos hombres, más experimentados que yo; no obstante todo era en balde.


|| Hi, hi! He aquí la segunda parte, desarrollada un mes después tras la muerte de Lord Lucius.

Siendo más corto que el fragmento anterior, la importancia de este radica en el contenido de una acalorada conversación entre madre adoptiva e hijo. No siendo la primera ni la última discusión que han mantenido hasta la fecha, las consecuencias se ven claras en el horizonte.

¡Espero lo hayais disfrutado!||

4 comentarios:

  1. Debería estar haciendo un trabajo... debería... Pero no podía resistirme a la irresistible llamada de Varic. Pienso seguir su historia hasta el final, espero que le vaya mejor a este muchacho; aunque creo que con esta mujer algo me dice que va a ser bastante complicado. ¡Sigue así, es Fantástico!

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    1. Hi, hi! ¡La tentación es más fuerte que tu voluntad, Xio! (xD) Aún así, seguro que no te ha llevado mucho leerlo y que has vuelto a ponerte las pilas para estar libre en el fin de semana, ¿eh?

      ¡Gracias por pasarte a comentar! Soy consciente de que no tienes mucho tiempo para ello, así que se agradece igual ^_^

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  2. Brrr, tenía pendiente esta lectura desde hace un tiempo. Y ahora, que me he sentado con un café y unas magdalenas, estaba predispuesta a ello. ¡Y tanto! ¡Me ha requete-encantado! ¡Exactamente! Puede que haya visto algunas cosas por ahí fuera de lugar que mi ojo crítico de halcón de ceño fruncido no podía pasar desadvertido. No obstante, ¡apenas me acuerdo! Sinceramente, me encanta cómo escribes. Y creo que estoy empezando a desarrollar una debilidad por este personaje, aunque muero de ganas de conocer a Hole. ¡Me voy ahora mismo a la tercera parte! :)

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    1. Hi, hi! Ya era hora de que te lo leyeras; no obstante, como no está terminado te lo dejo pasar... ¡jum! û_ú

      Al margen de la exigente mirada de halcón que todo lector ávido de influencia perfeccionista tiene - y que yo tan bien comprendo -, celebro que te haya gustado aun sin considerarme a la altura de tus expectativas literarias, y es que una no es una Shakespeare precisamente...

      ¡Gracias por comentar!

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