Looking for Freedom #3


Anteriormente...


Asfixiado, contemplando el mundo exterior a través de mis barrotes, la rabia guerrera bullía por mis venas incluso en aquellos últimos momentos de libertad. Al no poderlos saborear, la incipiente semilla de la discordia me sacudió desde dentro, siendo esta la que me llevó finalmente a salir de la habitación. Propinando un par de derechazos a los soldados de la guardia personal, apostados a lado y lado de la puerta, la respuesta no se hizo esperar. Pronto, el dolor y la sangre me salpicaron el rostro.

Devolviéndome al interior, apaleado como a un perro, me alcé con porte orgulloso en tanto esa convincente negativa revoloteaba en mi cabeza.

«No me casaré con ella. »

Pero ya habían pasado meses desde que las pronuncié por vez primera, y nada había cambiado: las reuniones, los acuerdos prematrimoniales, los bailes, el falso cortejo…, una pantomima cuyos hilos me empañaba en cortar. Por ello el mirarme al espejo, vestido y engalanado de aquella forma, no me contentaba en lo más mínimo. Desde que supe aquello, viéndome solo ante tal destino que se me imponía, fui confinado entre los muros de aquel caserón por orden de la pérfida arpía que tenía como madrastra. Aún y poder salir al Distrito del Muelle, para visitar a Coke y perderme en las penas clásicas del alcohol, la vigilancia se dobló en torno a mí bajo la falsa excusa de protección; pero yo sabía la verdad: ella no se iba a arriesgar a que moviera mis hilos, en pos de escapar, y por ello me mantenía sitiado en todo momento.

Era consciente de que rasgar mis ropas, llegar a mutilarme, o dar un cambio radical a mi aspecto no cambiaría mi situación. Tildándoseme de rabioso, consentido, crío e irresponsable si llegaba a tal extremo, una parte de mí empezó a consolidar la rendición pues nada daría resultado…, y como el perro bastardo que era, a pocos pasos del corredor de la muerte, me sentía con la soga al cuello. Aprovechando el escaso aire que me quedaba en los pulmones, las campanas del templo anunciaban lo inevitable, y tal si unas férreas cadenas quedaran bien sujetas en mis tobillos, caminé pesadamente a la ventana mientras me limpiaba el surco de sangre que me caía de la nariz.

En el exterior, la animada calle del Barrio Marítimo restaba adornada con guirnaldas floridas. Y pese al frío, se dejaba al descubierto una amplia multitud de familias y parejas, de aspecto pulcro y bien cuidado, que habían sido invitadas a la unión bajo el auspicio del sumo sacerdote: una unión por la que yo había luchado con tal de que no se llevara a cabo.

Girándome, seguido de mi fiel y noble can, me cubrí el rostro con sendas manos. Hastiado, con el pecho cada vez más oprimido por la angustia, contemplé la tentación de salir a la calle por la ventana, bajando por las hiedras. Lo había hecho centenares de veces, pero la férrea seguridad de aquel día me imposibilitaría llegar siquiera a los portones del caserón.

Gritar, exhalar todo el aire contenido en mis pulmones, enfatizar mi enojo, escapar…: deseos, y simples deseos seguían acumulándose en mi fuero interno, y es que cernirme en la negativa para con aquel enlace seguía resultando un cielo demasiado brillante para mí:

«¿¡Es que vas a relegar a uno de tus siervos a llevar una vida así!?»

Pensé, dirigiendo una mirada furibunda al viejo estandarte de padre. En él quedaba bordada la espada llameante del Señor de la Batalla, divinidad a la que mis rezos siempre iban dirigidos.
- Si así lo deseáis, ¿para qué tanta disciplina y entrenamiento? ¿Para qué tanto esfuerzo si va a ser una mujer quien me gobierne, lo quiera o no? – Mascullé siseante, paseándome por la sala, cual león famélico en tanto el gran can se había echado a los pies de la cama, atento a mi ir y venir.

Con la marcha del difunto Lord Lucius se inició mi declive personal; pero fue esa arpía la que orquestó mi descenso a los infiernos, sabedora de mi amorío con el menor de los Bellegard. Sin embargo, creyéndome a salvo fui a caer de bruces cuando ya creí contar con la victoria: la había subestimado y ahí estaba, pagando por mi arrogancia y maldiciéndome una vez tras otra. Sin embargo, ¿cómo iba a contemplar el que fuese capaz de comprometerme con Lady Lenea Bellegard? ¡Nuestra casa jamás había tenido contacto con ellos! Me sentía engañado y estúpido; no obstante, no fui más que un iluso por creer que mi idilio con Hole fuera a durar por mucho más tiempo y ahora…, ahora tan solo me contentaba con poder imaginar su rostro.
Sácame de ésta… 

A él, mi dios, le debía dar igual tanto a quién profesase mi amor, como cómo lo hiciera, pues eso no se interponía en mi función de hacer la guerra tal y como decían las escrituras. En cierto modo, y siendo totalmente fiel a ellas, debería de haber presentado una resistencia más férrea y terca frente a mis captores; sin embargo, continuaba afanándome en pensar que como siervo inherente de aquella sangrienta deidad, ésta debía devolverme el favor y prestarme su atención..., al menos durante aquel amago de oración.
 Sácame de ésta…  - Volví a rogar con ofuscación, antes de girarme al estandarte y tomar un viejo jarrón para arrojarlo al mismo, harto de tener que cargar con aquella jaula de oro.- ¡Me lo debes!

Pero yo sabía que realmente no era así y que, mas bien, era al revés: yo le debía a mi sangriento dios todo cuanto era, más estaba desesperado. Aun cuando tan solo me amparaba en un milagro divino, no obtuve más respuesta que la procurada por el restallido de la cerámica al estallar el jarrón contra la pared.

Ante mis gritos la puerta de la alcoba se abrió y, esperando que se tratasen de mis carceleros, me giré con una agria expresión para, sorprendentemente, encontrarme a quien menos cabía esperar.
- Hole... - Susurré esperanzado, esgrimiendo una leve sonrisa una vez la puerta se cerró a su espalda. 

Ataviado con una túnica y una coraza con brocales en plata, sus cabellos rizados y del mismo color del oro caían graciosamente a ambos lados de su rostro. Mientras sus ojos oscuros se mantenían con cierto tinte melancólico, impropio en el Hole que conocía y cuyos suspiros fueron mi sustento absoluto durante innumerables noches, contuve el aliento ante la punzada placentera de dichos recuerdos. 


Acercándome a él, dispuesto a saludarlo con la cercanía y el aprecio del que solía hacer muestra, busqué una salida a todo aquello, un paraíso corto y previo a adentrarme en el infierno que me esperaba; pero justo antes de que pudiera inclinarme para alcanzar sus labios, él interpuso su mano para detenerme. El porqué descrito en mis ojos le bastó para dar respuesta a todo:
- Pronto a ella la conocerán como Lady Faramond de Harifell, tu mujer,… - Fruncí el ceño, alejándome un paso, ya sabiendo lo que vendría a continuación. – …y yo, como su hermano y vuestro futuro cuñado, os digo que esto tiene que acabar ya.

Ladeando la mirada, le empujé para apartarle de mala gana. ¿Acabar? Para él debió ser fácil, sobre todo cuando fue quien empezó con este juego y más aun cuando decidió continuarlo, aún sabiendo meses atrás que este día llegaría. En cierto modo contemplaba el que la arpía hubiera estado al tanto de nuestro idilio…, de ahí que me comprometiera con la hermana de Hole.
- ¿A qué habéis venido? ¿A burlaros? Porque si es así, ya pod…
- Vengo a informaros de que me marcho en breve, Sir Varick. – Su contundencia bastó para interrumpir mis argumentos y, como era costumbre en él, antes de que pudiera asaltarle a preguntas por sí solo detalló las respuestas. – Parto como caballero de mi casa a prestar apoyo a los Campos Áureos: será una campaña larga contra las fuerzas de orcos apostadas allí.
- Será más grato que verme contraer matrimonio con vuestra pérfida hermana…,¿no?

Intentó acercarse, mas ya era tarde. De un nuevo empujón lo mantuve a raya, indicándole que se marchara. ¿Es que acaso había venido para dejar caer esa última perla? ¿Habría creído que me sentiría mejor al saberlo? Retrocedí hacia el estandarte de la divinidad, alzada sobre el pequeño altar de mármol sobre el que descansaba la emblemática espada de padre, y cerré los ojos posando mis manos en la vaina reforzada.
- Idos ya… ordené, inclinando mi cabza adelante y deseando que todo hubiera sido diferente, que la suerte nos hubiera sonreído un poco más; que nuestra situación hubiera sido otra.
- Os dejo mi último regalo… – Escuché como reposaba algo en la cómoda cercana, antes de ir dirigiendo sus pasos a la entrada.

Sin separar mis labios para buscar detenerle, cuando la puerta se abrió y volvió a cerrarse, exhalé un profundo suspiro. Llevándome las manos a la cara, fruncí el ceño y al instante las aparté, dirigiendo entonces una mirada suspicaz al objeto en cuestión.
Se trataba de una esfera circular, de color rojizo y bien pulida, que desprendía cierta aura mágica: un aura que había visto en los objetos encantados de Meliburgh, ese viejo truhán ilusionista de la Sombra Inferior de la ciudad. Pero, ¡¿acaso Hole se había metido allí para comprar aquello?! ¿Habría encargado a alguien llegar hasta él? ¿Podría haber contactado con los de la Banda Lemsin o es que Melburgh había cambiado su zona de transacciones?

Las campanadas volvieron a replicar; pero lejos de dejarme solo como en la vez anterior, con mis cábalas, volvieron a llamar y la puerta se abrió de nuevo revelando la figura de mis dos “guardianes”, junto con la de aquella vieja bruja arrugada.
- ¿¡Aún estáis así!? Cuestionó ella, bien emperifollada y mostrando con orgullo esas joyas que era incapaz de mantener, tanto física como económicamente: parecía que se fuera a caber por el peso de tales ornamentos. Daos prisa: ya deberíamos estar en el templo.


||Hi, hi! ¿Qué tal? Aquí está ya la tercera parte que transcurre varios meses después de la muerte de Lord Lucius, así como de la discusión que Varick, el protagonista en cuestión, tiene con su madrastra.

Como podéis ver, la situación se complica cada vez más y se descubre el por qué de las prisas de Madame Faramond de Harifell por realizar la unión con la casa Bellegard.

¡Espero que hayais disfrutado de la lectura 
y nos vemos en la próxima!||

4 comentarios:

  1. ¡Por fin! estaba deseando leer ya la siguiente parte del relato. Aunque este me ha dejado con la miel en los labios... ¡¿Qué va a pasar ahora con Varik?! ¡¿Cómo va a conseguir escapar de esta?! Si es que cada relato deja al final más deseos de seguir leyendo.
    Gracias por subirlo, seguiré esperando, impaciente, al siguiente.

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    1. Hi, hi! ¡Me alegra de que te haya gustado! >_< Últimamente no estoy muy puesta con la escritura de este tipo de ambientación. Como sabrás estoy trabajando a tope en la novela; pero bueno, para desentumecer mis dedos me agrada escribir de otro tipo de temática.

      Ya queda poquito para el desenlace: dos capítulos más y se cierra.

      Be Patient, Darling! ¡Y gracias por comentar! ^_^

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  2. ¡Hola-hola, querida! ¡Ya estoy aquí! Primero voy a saciar dos faltas que me llevan quemando la nariz: aun cuando (aun sin tilde, que equivaldría a incluso); y «más» con tilde solo se usa para añadir cosas , para introducir, mostrar un aumento, o para el signo de la suma, etc; mas sin tilde, el mas de «era tarde y estaba oscuro, mas salio de la casa con paso vivo y los ojos brillantes», ese mas va sin tilde, y equivaldría a pero. Dudo que no lo sepas, pero ya lo he visto tantas veces y, perdóname, no me he podido aguantar ^^ Por otra parte, ¡jo, la homosexualidad del prota me ha pillado por sorpresa! ¡creía que Hole era una chica, aunque me olía a chamusquina! xD El caso es que me encanta como se está desarrollando la historia, estamos conociendo más a este muchacho, y cuanto más lo conozco, más me engancha.

    ¡Un saludo! ♣

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    1. Hi, hi! ¡Gracias por los apuntes! Ya está todo corregido más o menos, y es que el corrector que utilizo hace lo que le da la real gana. Sumado a eso, y que la RAE cambia las prioridades de las tildes según le venga bien o mal, no me detengo mucho a contemplar las actuales reglas de los libros de texto y he de admitir que soy de las que disfrutan poniéndole tilde a todo. (xD)

      Al margen de ello, a más de uno también le ha sorprendido el tema de la homosexualidad y me contento con ello. Eso de romper esquemas me gusta mucho y, de hecho, Varick es el primer personaje que tengo así, aunque auguro que no será el último. Lo que a mí me ha sorprendido es que que te logre enganchar de esa manera...: será que como yo sé el final, no me espero ese tipo de reacciones en los demás (xD) Pero bueno, ya te aviso que con uno o dos relatillos más cierro esta historia corta, así que no queda mucho para la resolución.

      ¡Nos leemos y gracias por comentar!

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