Only One Religion

El par de cafés que aún circulaban por su riego sanguíneo no fueron suficientes para evitar que la morriña de la tarde se apoderase de ella. Sus ojos entrecerrados marcaban el sueño poco reparador de la pasada velada y aunque hacía unas horas se encontraba bien, dispuesta a pasar una agradable tarde, aquel plan no fue de su agrado: los imprevistos nunca lo fueron, al fin y al cabo.

Con la constante sucesión de oraciones y salmos a su alrededor – totalmente faltos de significado para ella –, la canción que escuchó esa misma mañana relleno el eco vacío de sus pensamientos de forma fortuita. Fue tal el toque de humor inherente en sus estrofas que, sin percatarse de ello,  la comisura de sus labios se curvó hacia arriba; pero no solo eso. Mientras, la sucesión de aquella melodía se repetía sin parar, una vez tras otra al finalizar la anterior, su pierna iba marcando el ameno ritmo que circulaba, libremente y en ambos sentidos, por la carretera  de sus divagar constante.

Aunque no tenía nada en contra de todos los allí reunidos, consideró excesivo la duración de aquel acto, y su compañera lo sabía. Quedándose a su lado, tan solo para cumplir y no dejarla sola durante toda la liturgia sacramental, llegó a considerar el disculparse para levantarse e irse a tomar el aire: no se encontraba bien. La atmósfera viciada y el olor de los allí presentes - removido con soberana lentitud por los ventiladores del techo – la asfixiaban de sobremanera provocando que arrugase la nariz, en una mueca de desagrado. Aquello no iba con ella, y de ahí que se cuestionara el qué estaba haciendo allí, perdiendo dos horas de su tiempo, así como el por qué debía soportar las palabras los sermones y exigencias de algunos de los parroquianos en cuanto se subían al podio para sus minutos de gloria.


Pese a todo se mantuvo en su asiento, quieta y sin dirigir una sola mirada a nadie. Dejando ésta a la deriva, por el irregular relieve de las paredes, continuó al amparo de la que fue – y aún era – la primera de sus religiones. Al contrario que los allí reunidos, ella prefería cobijarse en las sensaciones que la música le hacía experimentar, pues alejada de prohibiciones absurdas y prejuicios que remarcaban la condición humana, la música eran tan libre como ella misma así quería serlo. 

Siempre se consideró un bicho raro…, y auguraba que así fuera por muchos más años. 

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