T-shirt

Al margen de escucharles discutir una y otra vez, desde el amanecer hasta que decidió dar las buenas noches de forma seca tras la cena, no se dio cuenta de que aquel día fue terriblemente mortal para ella hasta que no se desplomó en la cama. Aún vestida con la ropa de estar por casa, escuchando en ambas sienes los latidos de su corazón, creía que se quedaría dormida tal cual, sin demasiado esfuerzo; pero no fue así. Tan solo se quedó mirando a la pared con la luz de la mesilla encendida, casi como si esperase que el sueño le borrara la memoria de esos últimos instantes, sumergiéndola en esa maraña oscura que precedía a la ensoñación.

Espabilando, se alzó de la cama. Para ella siempre había unas determinadas pautas que seguir…, incluso para algo tan simple como era dormir. Por ello, pensó que si las pasaba por alto ya podía decir adiós al sueño reparador que tanto ansiaba en aquellos momentos. Así pues, desvistiéndose, se tomó unos minutos para mirarse al espejo y hacer una mueca. No le gustaba su cuerpo: nunca le gustó, pero la manera tan graciosa que su pelo tenía al caerle por los hombros sí era de su agrado, y eso le arrancó una sonrisa disimulada y escondida en la comisura de sus labios. Finalmente, suspirando en silencio, alargó la mano al boliche del cabecero de la cama y tomó el que decidió, hacía años,  sería su camisón.

En sí, no era más que una camiseta deportiva y negra. Las mangas le llegaban hasta los codos, pues eran bastante amplias en proporción con su cuerpo y lo mismo ocurría con la totalidad de la prenda. Llegándole hasta las rodillas y quedándole suelta de los lados, era obvio pensar que una XXL podía pasar fácilmente como un camisón; pero no era esa la razón por la que había escogida aquella como ropa de descanso.

Metida en la cama, se hizo un ovillo entre las sábanas e inspiró para cerrar los ojos lentamente. De nuevo, tomó aire y lo soltó paciente, casi percibiendo como un olor fresco le llenaba las fosas nasales. Y entonces, tras esa segunda espiración, inhaló el aroma que hacía años había tenido el dueño de aquella gran camiseta que cubría su desnudez. Pese a saber que se trataba de una ilusión, mantuvo su mirada eclipsada y se concentró en ese ínfimo detalle que, en forma de recuerdo, la traslada a un sitio mejor y más cálido: estrechada entre unos fuertes brazos.


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