Poema XXIX

En ocasiones, cuando estamos con nuestros quehaceres diarios, se nos olvida ofrecer ese toque de nosotros mismos que hizo surgir la llama del amor en la persona que queremos a nuestro lado.
Llevaba mucho tiempo sin dedicarle nada especial a mi Guerrero y, aunque sea un tópico muy recurrente o una excusa barata al alcance de cualquiera, la proximidad de San Valentín me ha hecho pensar en ofrecerle algo especial…
Porque desde hace siete años y medio siempre ha estado conmigo, amparándome cuando más le he necesitado, creyendo en mí, avivando mis sueños y dándome alas para volar lejos de aquí, de un modo u otro. Así pues, no encontrando en el “gracias” la suficiente fuerza, he realizado este soneto que espero disfrute tanto él, como vosotros:


Rosa que me entregaste, de cristal veneciano, 
al resguardo queda ya, de un oscuro corazón.  
Pero no temas, amor, que no eres tú el villano
que  cruelmente ejerce en mí semejante desazón.


Viviendo un descuido tras otro, tarde o temprano
sabía que nada me libraría de esta quemazón:
pues te mereces más que un simple verso mundano,
que cualquier soneto colmado de toda razón.


Espera un momento, ¿qué es lo que hago? ¿Qué hacer?
Ya es un poco tarde, pues nada en mi mente queda:
solo rimas surgen, en cada arista, por doquier.


¡Qué desastre! ¡Presa estoy en telarañas de seda!
Papel y palabras, en pos de al guerrero satisfacer
con un “te quiero” al amparo de la rosaleda. 
 

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