El Daño de Prejuzgar y Juzgar

Parece que siempre aprovecho para ponerme de malas con alguien, descargar mi irritación o quejarme de algo en particular...; pero supongo que lejos de estar hablando de curiosidades que cruzan mi mente momento sí, momento también, supongo que esta forma de exponer algo no deja de ser un ejercicio más de escritura.

Lo mismo os sentís identificados con mis quejas, o quizás no... ¡quién sabe! Pero, ya os digo que si no os gusta este blog u os sentís ofendidos con algo que haya escrito aquí, es tan fácil como dejar de leer. Al fin y al cabo, este no deja de ser un rincón personal donde tiendo a desvariar.

En fin. Ahora yendo a lo referido en el título... ¿sabéis lo malo de estar cursando un ciclo de formación superior? En principio, tiene muchas cosas malas; pero al margen de eso y de que el sistema de educación español va cuesta abajo y sin frenos, os diré lo esencial: lo que NO tenéis que pensar, ya sea en bachillerato, universidad, ciclo de formación medio o superior..., o incluso el propio mundo laboral. Pues la única cosa que debéis tener clara es que esas personas, que junto con vosotros se quieren sacar esos estudios, no son adultos. Algunos lo pretenderán ser y otros, incluso, se denominarán de tal forma por estar casados, tener hijos, un trabajo... la cuestión, es que esperar que esas personas te hablen y traten como a un adulto no resultará (y tampoco a la inversa) si se empieza prejuzgando.

A lo largo de mi vida me he dado cuenta de que le ponemos etiquetas a todo: gótico, viejo, hipster, pijo, freak, punk... son palabras pertenecientes a tribus urbanas o a la jerga de calle que nos encasillan: ese es el primer paso. Uno en el que nos adentramos llevados por la influencia o a través del gusto propio, la personalidad u otros factores psicológicos que, estimo, todos conocemos o podemos conocer ante la cantidad de información que hay a nuestro alcance.

El siguiente, es cuando ya nos quitamos  las etiquetas que nos ponen los demás y, una vez nos echamos un vistazo, decimos lo que somos, quienes somos y quienes queremos ser. Y es aquí, cuando llega mi problema... y el problema que asola a todo el maldito mundo. ¿Por qué? Porque quien es diferente a nosotros, quien no lleva su etiqueta, nos llama la atención. (Entiéndase por etiqueta como todos los signos, tanto externos como internos, que nos indican como es una persona o a qué etnia, subcultura, tribu pertenece.)

Llegados a este punto, ya os podéis imaginar por dónde van los tiros y, por si hubiera alguien perdido, ya lo digo yo en pocas palabras:

Hay quienes se creen con derecho a juzgarte en todo. Vestimenta, forma de peinarte, el color de tus uñas, cómo tomar apuntes, tus métodos de estudio..., incluso aspectos con los que has nacido y que son parte de ti como tu voz, tu rostro, el color de tus ojos, la forma de tu pelo.

Siempre que lo pienso me doy cuenta de que he estado fuera de la sartén toda mi vida: nunca me he sentido identificada con ninguna tribu social específica, ni con ningún movimiento cultural, así como tampoco con ninguna religión. Podría decirse que me considero como una especie de "espíritu libre", demasiado testarudo como para querer pasar por el mismo camino que lo hacen todos, pero no tan exigente ni malicioso como para querer imponerme sobre otra persona.

A todo esto, le contrapongo las situaciones en las que me han juzgado a lo largo de estos siete meses que llevo de curso: ya sea por llevar el pelo recogido, por comodidad, en una trenza; por tenerlo demasiado rizado y "grande"; por no maquillarme; por no ir vestida como una modelo para ir a clase; por mi forma correcta de pronunciar las palabras... y otros tantos ejemplos que, verdaderamente, son absurdos de exponer.


Llegados a este punto, me he estado preguntando qué motiva esa clase de comportamiento; por qué la gente es tan cruel y mezquina con alguien a quien siquiera conocen o, simplemente, por qué se impone la opinión de uno a la de otro en base a algo personal. Y, pese a darle mil vueltas a la cabeza, siempre he llegado a la misma conclusión:

"La Superioridad"

Esos comentarios que hieren, esa forma de transmitir su mensaje, solo les alienta a sentirse superiores en un vano eco de satisfacción personal, cuya duración solo se equipara al de una gota de agua evaporarse en mitad del desierto. Porque tienen la mala costumbre de hacer sangre, porque en este mundo pesa más lo malo que lo bueno y porque...., pese a creer conocer, su ignorancia les domina rigiendo su día a día, en el que juzgar y prejuzgar, no es más que un espejismo visceral.

1 comentario:

  1. Esta bien, es tu blog. Sirve para expresar tus emociones y si es de irritación, también está bien.
    Y además estoy de acuerdo con tu queja. Una etiqueta no necesariamente es algo malo, puede ser lo que uno elige para definir su identidad, su grupo de pertenencias, es parte de lo que uno elige, prefiere.
    Está mal cuando las etiquetas implican una descalificación sin conocer a esa persona.
    Es posible que esas culturas que mencionas tenga interesantes exponentes.
    Y tal vez yo también sea un espiritu libre.
    Me gustó tu entrada.
    Saludos.

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