Yo confieso… #20


Yo Confieso…, ¡que no soporto que me corrijan cuando llevo razón!

¿Sabéis ese tipo de personas que van de listas y que luego demuestran ser más tontas que las piedras? Pues llevo desde principio de este curso soportando las (gilipolleces) tonterías de esas personas que pueden proliferar tanto en el ámbito familiar, como en el laboral y estudiantil. Pues ningún campo queda exento de tan curiosas personalidades.


Antes de que lancéis la primera piedra, soy la primera en admitir que no lo sé todo: mi mente es un colmena; una coctelera de pensamientos, ideas, opiniones y conocimientos en un amasijo de laberintos empolvados en los que, ni yo misma, soy capaz de poner orden. Y, aunque improbable, para llegar a saberlo todo debería ser poseedora de una memoria eidética o una que fuera más allá de los mil terabytes, como mínimo. Sin embargo, como no lo soy, admito que saberlo todo sobre todo escapa a las posibilidades humanas... (de las extraterrestres ya hablaremos otro día.)

Pero volviendo al tema que aquí me trae, de nuevo exponiendo y quejándome en esta, la sección de «Yo Confieso», de algo de lo que me siento orgullo es que cuando me gusta muchísimo una materia, la exploto hasta el último aliento y que, aún así, cuando esta parece estar muerta, soy capaz de revivirla, de seguir aprovechándola, de mantenerme informada para corregir cualquier cambio que se dé relativo a ella. Y, cómo no iba a ser, mi materia predilecta es la lengua castellana escrita.
Como muchos, he leído libros (no tanto ni tan de seguido como para llevar un blog literario), así como videojuegos de inmensos diálogos y cuyas tramas me han mantenido sentada frente a la pantalla durante días. Pero además, para colmo, he llegado a leerme el diccionario entero un total de dos veces: la primera de niña, y la segunda con dieciséis años.

Tras mi exposición, debéis entender mi molestia ante la actitud de ciertas personas (esas que mencioné al principio) cuando afirman tener razón, y no la tienen con respecto a lo relativo del uso, etimología y la correcta escritura de las palabras... ¡siendo el colmo que, incluso, se jacten de tener razón! Como por ejemplo, decir que "ex novio" va junto o con un guión en medio (cuando el guión es un préstamo de la lengua inglesa) o que "sarcasmo" significa lo mismo que "ironía" cuando, aunque se parecen, no es así.
Pero ellos, como son muy "listos", te miran por encima del hombro con ese recochineo diciendo: (¡OJO AL DATO!)

«No, escritora (léase esto con sarcasmo), eso no es así.»

¡Y por cojones tiene que ser como ellos digan! Da igual lo mucho que hayas leído, lo mucho que escribas a diario, que tengas un blog o que hayas ojeado mil páginas de libros y de internet para contrastar y saber todo lo que seguro sabes: ellos no aceptan corrección alguna. Siquiera cuando el resto te da la razón...

Pero una no se altera. No. ¿Por qué? Porque no sirve de nada. Entonces, os preguntaréis: "¿A qué viene tantísima paja? ¿Qué es lo que haces?"

En este caso, mi consejo por si os encontráis con estos "tocapelotas" (porque aunque tienen muchos otros nombres, prefiero emplear el menos ofensivo) uno puede seguir en sus trece y combatir hasta la extenuación, o bien levantar tranquilamente el dedo corazón de ambas manos y decir, con suma elegancia:

 «Por aquí»

Porque hay mucho gilipollas suelto por el mundo y nuestras úlceras o futuras úlceras no van a hacer que disminuyan en número. De hecho, es más probable que proliferen y su enfermedad de crédula superioridad se extiende..., así que paciencia es lo único que nos quedará. 

PD: Disculpad el tono increpante de esta entrada; pero me ha servido para desfogarme porque no os podéis hacer una idea de la sarta de tonterías que tengo que tragar día a día. 

De hecho, os ilustraré diciéndoos que la gran mayoría de mis compañeros no sabía qué era una escuela monástica o el significado de las palabra analfabeto o antagonista...: ahí os lo dejo.

1 comentario:

  1. No seré yo quien te arroje una piedra, primera o última. Porque mi mente es comparable a la tuya, también he leído libros. Y suelo tener a mano un diccionario de latín.
    Esa gente me parece exasperante, que se niega a entender el significado de la palabra ironía. Ni pretender diferenciar del sarcasmo. Me irrita la exaltación del sentido común.
    Y me fastidian algunas cosas de los medios, como pronunciar "probation" en supesto inglés, algo así como "probaition", siendo una palabra en latín.
    Así que te entiendo.

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