Stories that Deserve to be Told

Ha pasado mucho tiempo desde que empecé a dar mis primeros pasos en el mundo de la escritura... y ni siquiera llegaron a ser pasos propiamente dichos. Yo comencé gateando, cual bebé que descubre un mundo más allá del suyo, por tantos y tan diversos proyectos que casi me parecía increíble no haberlos descubierto antes.
Desde la secundaria obligatoria me vi con la necesidad de plasmar mis pensamientos, mis sueños, mi propia esencia en una hoja de papel. Ya fuera cuadriculada, con líneas o en un folio en blanco atestado de bocetos y dibujos, el simple gesto de sentarme a escribir era mi única esperanza de escapar de la monotonía del día a día. Años más tarde esa necesidad mutó. Se convirtió en otra. Inconscientemente buscaba en las librerías mis propios escritos: argumentos cálidos y cercanos con las dosis justas de aventura, terror, amor y fantasía. Más allá de huir, yo necesitaba compartir historias jamás contadas; presentar a personajes tan reales como tú y yo; mostrar un escenario donde todo lo anterior cobrase vida.



Ha pasado mucho tiempo desde que empecé a dar mis primeros pasos en el mundo de la escritura... y ni siquiera llegaron a ser pasos propiamente dichos. Yo comencé gateando, cual bebé que descubre un mundo más allá del suyo, por tantos y tan diversos proyectos que casi me parecía increíble no haberlos descubierto antes.
            Desde la secundaria obligatoria me vi con la necesidad de plasmar mis pensamientos, mis sueños, mi propia esencia en una hoja de papel. Ya fuera cuadriculada, con líneas o en un folio en blanco atestado de bocetos y dibujos, el simple gesto de sentarme a escribir era mi única  esperanza de escapar de la monotonía del día a día.
            Años más tarde esa necesidad mutó. Se convirtió en otra. Inconscientemente buscaba en las librerías mis propios escritos: argumentos cálidos y cercanos con las dosis justas de aventura, terror, amor y fantasía. Más allá de huir, yo necesitaba compartir historias jamás contadas; presentar a personajes tan reales como tú y yo; mostrar un escenario donde todo lo anterior cobrase vida.
            Fue entonces cuando surgió La Idea. Era la minúscula parte de un algo más grande, pero para mí fue suficiente. Tan solo tuve que tirar de los hilos correctos, hacer las preguntas acertadas, dividir mi mente en tantos trozos como fueran necesarios y finalmente llevar a cabo la constancia precisa para que semejante proyecto viera la luz.

            Hubo momentos malos. Instantes en los que me sentía atrapada, ahogada en un mar de dudas, autocrítica  y menosprecio propio. «Yo no puedo con esto. No es lo mío. Jamás lo terminaré. A nadie le gustarán estas letras. Lo van a ver poco esquematizado. Es confuso. ¿Cómo he podido escribir esta bazofia?» Y había tantos pensamientos del estilo... las zancadillas que me ponía a mí misma me restaban tiempo de concentración, de escritura, de investigación. Mas cuando cambié el chip todo fue tal y como tenía previsto: las palabras salían solas, las frases y párrafos se cuadraban sin problema alguno, los personajes se mostraban naturales y así, de ese modo, la historia fluía con naturalidad.
            A día de hoy la primera parte de mi proyecto aún debe ver la luz. El jurado de un concurso editorial tendrá que decidir si sirve para la misma o no. Sin embargo de lloverme una muy probable negativa seguiré escribiendo pues, en lo más profundo de mi corazón, sé que mi historia es de las que merecen ser contadas ya sea de un modo o de otro.

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